Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

martes, 15 de marzo de 2011

Llega un día

De pronto un buen día, te das cuenta que aquel ser que emanó de ti, y que durante todos estos años se había convertido en otra extremidad de tu propio cuerpo, ha llegado a traspasar aquella meta que veías tan lejana hacía unos años. Es la franja psicológica que marca la mente cuando al leer miles de carteles en plena calle, que ponen fin a una etapa y dan comienzo a una nueva, te indican el principio del resto: “Niños hasta 12 años”.

De pronto te das cuenta que su cuerpo está descompensado: pies enormes, brazos largos; que el vello labial se ha vuelto más oscuro, que empiezan a asomar las primeras espinillas…
                                                                                                               
No sabes cuándo exactamente, aquella tenue franja que separaba tu intimidad de la suya, se ha hecho de pronto una trinchera ancha, con obstáculos que entorpecen el paso tanto en un sentido como en otro. Y te alegras de que así sea, pero también te molesta sin entender por qué. Entonces te analizas y ves, que en el fondo, es un sentimiento egoísta. Simplemente has perdido algo.

Y te acuerdas de la cara azul que tenía cuando salió con el cordón umbilical a modo de corbata, las risas melladas que salían de su boca al hacerle alguna gracia, las ocurrencias enrevesadas con lengua de trapo  -aplastante lógica de mente limpia-,  las interminables horas que pasaste en la sala de espera del médico, los castigos, los cuentos y después, los abrazos.

Echas la vista atrás y subconscientemente te encuentras buscando al culpable de que no te hayan avisado que tu hijo, ha pasado a ser un adolescente, que aquel día lejano en el que te hablaban de los 13 años (ya verás, ya) ha llegado de sopetón y te ha pillado elucubrando sobre en qué momento de tu vida, tú te has hecho una señora y él un proyecto de hombre, en el que ves que cada día le sale más vello, sus mandíbulas se van acentuando y la voz deja de ser dulce, convirtiéndose, paulatinamente y a ritmo de gorgoritos, en profunda y masculina.

Como decía la canción: Pasa la vida y no has notado que has vivido.

Felicidades, Pedro.

3 comentarios:

  1. Una suerte te des cuanta a los trece ¿nadie te contó que las chicas "maduran" antes?.
    Un plecer leerte.

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  2. qué triste, verdad! el tiempo vuela que se las pela y sobre todo con los niños te das más cuenta cuando les ves crecer a ellos.
    Pero pasa con todo, lo de "niños hasta los 12 años" me recuerda a esa discoteca que hay en Torrelodones y que se ve claramente desde la carretera de la Coruña cuando vas hacia Madrid y que pone "Treintaytantos". La primera vez que lo ví, pensé: discoteca para carrozas con ganas de rollo que van a ligar después del curro sin contárselo a sus mujeres (pensamiento de una cría de veintipocos) luego crecí y pensé: tengo que ir allí algún día,seguro que la música está bien y ...jamás fui y ahora cuando lo veo, me digo....madre mía...seguro que está lleno de críos y yo ya no pinto nada allí y la de veces que habré pasado por la a6 y siempre me llama la atención.
    El tiempo....va dejando huella sin apenas notarlo.

    "la vida es aquello que te sucede mientras tú haces otros planes"

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  3. Anita, siento decirte qu eahora el "treintaytantos" está cerrado!!! ¿Habrá sido la crisis de los 40? jajaja

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