Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

viernes, 8 de abril de 2011

Mi mal humor

Mi mal humor es como una chispa que hace que se encienda un mecanismo de ignición continua dentro de mí. No sabes bien qué es lo que te molesta en concreto o lo que te hace estallar en cuanto oyes el más mínimo ruido. Sabes que hay algo que te entorpece el estar relajada y no das con la clave exacta.

Tu hijo, que está en plena adolescencia, hace burlas poniendo tonitos cuando le dices algo con más ímpetu del necesario y no tienes tiempo de regañarle en condiciones porque llegas tarde al trabajo. Acabas dándole una colleja. Es más rápido y más efectivo pero eso incrementa aún más tu mal humor.

El del coche de atrás se te pega al culo y su conductor, haciendo aspavientos con las manos, te increpa, inquisidor, el que no hayas podido adelantar al coche de delante, en un espacio limitado . Para más inri, el sol te deslumbra justo en la retina, haciéndote estornudar, sin dejarte visualizar el camino con claridad.

El día a día fugaz que te come por dentro, te hace estar a disgusto y te das cuenta, de pronto, que todos los buenos propósitos de no entrar al trapo que te prometiste a ti misma a principios de año, se han ido al carajo por una ventana, quizás la del coche, si, y tal vez adelantando al pesado de delante.

Suspiras notando que esa angustia que tienes bien agarrada, como un catarro bien adosado a los bronquios, no se minimiza por mucho que hagas terapia psicológica: oír música, cantar, gritar, intentar sonreir.

En el trabajo te cruzas con las mismas personas de siempre, pero sólo reparas en las que no soportas y atreviéndote incluso a ponerles cara de odio. Te has pasado años siendo políticamente correcta y de pronto un día demuestras públicamente que Mengano o Citana se merecen un bofetón de nariz sangrante. Y en vez de relativizarlo todo sabes que generas más aversión teniendo esa clase de concepto. Pero hoy, te da igual.

Luego te levantas y notas que el cuerpo te duele por todos los lados, que al caminar sientes un pinchazo en las lumbares y la rodilla, que el calor de la calle no te alivia, te molesta, al igual que te incomoda que te interrumpan cuando estás concentrada en tus pensamientos.

Buscas a alguien con quien hablar pero intuyes que le estás transmitiendo toda tu energía negativa, esa de la que tanto huyes otras veces. No estás siendo justa. Ahora eres tú la gafe, la ceniza que va contando "malos rollos". Y todo te molesta, si te hablan te irrita, si no, te fastidia.

Hoy es uno de esos días en los que te analizas intentando saber por qué hoy te has levantado con ese pésimo humor: El sol brilla, la temperatura es ideal, es viernes y no hay demasiadas obligaciones durante el fin de semana. Sin embargo, estás negativa, irascible, susceptible.

Sólo esperas llegar a casa, descalzarte y cambiarte de ropa, tirarte en un sofá, ver una película que te "llene" y esperar a que durmiendo, el día amanezca perfecto. Sólo entonces ves que lo único que te pasa es que ya no puedes más y necesitas unas largas y merecidas vacaciones.

Luego abres tu blog y escribes: Mi mal humor.

3 comentarios:

  1. Ay Anusky, un poco de ommmmmm!!!! es lo mejor. A mí a veces también me pasa y para contrarrestar pienso en los "Momentos buenos" del día o del día anterior y los voy recordando en el coche y cuando puedo los escribo y te aseguro que funciona, da paz y calma y como consecuencia aparece el buen humor y el sol brilla dentro de ti aunque llueva fuera (toma ya!!!!) un besazo y mucha energía positiva para esos momentos

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  2. Procuraré acordarme mañana a eso de las 12 cuando esté ya a punto de sacar la Kalashnikov... jajaja

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  3. ¡ que idenfificada me sientoooooooooo!!! ni tengo ganas de disimular ni quiero hacer el esfuerzo!! que le den a todo el mundo!!

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