Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

martes, 21 de junio de 2011

Conocidos desconocidos.




Recientemente me he preguntado sobre mis propios sentimientos al reencontrarme con unos individuos (después de casi 30 años), con los que solía jugar al "corro de la patata", "churro vá" o "la comba", a la hora de aquel tan ansiado momento del día llamado "recreo".

Hoy de pronto, se posicionan delante de mí como adultos, perfectos padres de familia, empresarios, madres-coraje o grandes ejecutivos.


Lo que más sorprende no es el hecho en sí de intercambiar pareceres con aquellos niños con los que antaño discutía, compartía risas, recibía los primeros "cates" (los primeros besos y algún que otro capón del profesor), sino el darte cuenta de que hasta hace nada era gente anónima, ajena a tu vida, que vivían con su aspecto de niños alojados dentro de tu oscuro subconsciente, y de sopetón se consolidan como una parte bien arraigada en tu vida presente.

Hay algo extraño que aún no tienes catalogado y no sabes describir exactamente. Quizás simplemente eran personas que guardaste en un arcón de tu cerebro, dejándolas en letargo, macerando, junto a otros recuerdos de la infancia y de pronto, afloran vivos en un escenario diferente y actual.

Sí, es bastante singular observar cómo, asoman ciertos pasajes de tu vida que tú, ilusa, los creías fruto de algún sueño pasado de éstos últimos 30 años. Dichos pasajes cobran lucidez al escuchar cómo alguno de ellos tira de un hilo subliminal, muy fino, pero directo a tu memoria adormecida.

Entonces te recuerdan uno u otro detalle que habías olvidado por completo pero que vuelve súbitamente a tu mente como si nunca lo hubieses dejado ir: La sirena del colegio, que al pasar bajo ella nos dejaba casi sordos; los barrotes azules de las verjas, dados de sí de tanto colarnos, escuálidos nosotros, para ir a comprar algunas "chuches";  los "divertidos" avisos de bombas tan frecuentes de aquella época post franquista... Pero sobre todo rememoras la experiencia de haber vivido dentro de una diversidad de clases sociales con las que aprendimos a convivir payos, gitanos y niños "bien", de la cual te enorgulleces enormemente hoy en día.

Todo esto que, sin esforzarte en exceso, fluye instantáneo de ese arcón polvoriento que se aloja en tu mente, te hace pensar, irónicamente por un momento, si has sido objeto de una sesión de regresión con psicoanalista incluido o te han metido algo en la coca-cola para que sin más, todos esos recuerdos broten hirviendo rápidos desde tu cerebro.

Charlas y preguntas, escuchas y cuentas. Diferentes vidas, distintos caminos. Todos tan desiguales y sin embargo, tan parecidos.

Van pasando las horas y fluye nuevamente aquella complicidad infantil, solo que ahora se adosa con más fuerza que nunca, más sólida, más madura, más...adulta.

Y entonces te planteas ¿qué es lo que te hace confiar plenamente en ellos si, hasta ayer, te hubieses cruzado con ellos por la calle y los habrías catalogado de auténticos extraños? ¿Cómo es posible que, personas que han pasado a pertenecer a un pasado casi olvidado (el cual tenías por perdido) cobren de pronto tanta fuerza dentro de ti?

¿Qué tenemos en común que nos hace sentir esa comodidad para abrirnos sin miramientos a gente que, hasta hace dos días, eran parte de un pasado recóndito que apenas invocábamos?

Pues creo que, no es más que el mero hecho de haber vivido las mismas experiencias, los miedos iguales, las idénticas risas, los similares castigos, las mismas collejas.

Somos desconocidos conocidos o mejor conocidos desconocidos. Amigos perdidos y reencontrados que no saben por qué, sin aval ninguno, tienen un hueco en tu confianza.

A día de hoy, he cumplido con una de mis grandes ilusiones de esta crisis de los 40 que aireo tan descaradamente. He visto dónde estaban todos aquellos con los que me crié, después de tanto buscarlos: Resulta que estábamos todos esperándonos. Eso sí, esta vez no nos volveremos a perder. 


4 comentarios:

  1. Estimada Analogías,
    espero te sientas AFORTUNADA por vivir esta experiencia que tantos interrogantes te ocasiona...no es para menos...el tiempo no cuenta, sólo queda la esencia.
    Besos

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  2. Sí! Afortunada y feliz de la vida!!!

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  3. La verdad es que es precioso y sorprendente. Supongo que formamos parte de la etapa de la vida donde eramos todos, en esencia, buenos e inocentes, y creo que es por eso por lo que nos hemos abierto unos a los otros: porque confiamos plenamente en los niños que fuimos y que llevamos dentro. APL

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  4. El colegio, la dolescencia, la mili...son mometos de la vida en los que se hacen grandes amigos. Guardamos en la mente esos buenos/malos momentos y tanto unos como otros nos recuerdan que fuimos jóvenes, lo mejor es poder encontrarse y charlar sobre ellos, enhorabuena por ello.
    Vic.

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