Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

lunes, 25 de julio de 2011

No es despecho sino orgullo.


Más de una vez he experimentado cómo escocían los arañazos aún, cómo le daba vueltas al por qué no funcionó aquella u otra relación, si en el fondo me seguían queriendo, si estarían con otra pareja o seguirían recordándome. También recordaba los días buenos, las frases cómplices, los viajes juntos. No es así esta vez.

Y es que no hay nada mejor para una persona pasional y vehemente, encontrarse de sopetón y sin prepararlo a aquel que en su día, de la noche a la mañana, te arrojó a la papelera, arrugada como un papel de un block de notas, apenas utilizado, apenas escrito.

Y sí, es una gran satisfacción para tu Yo, tu Ello y tu Superyo, que el encuentro casual te pille relajada, arreglada, luciendo moreno, y encaramada a unos supertacones que hagan que tu figura crezca 10 centímetros ensalzando artificialmente la silueta. La Virgen del Despecho supo aconsejarte horas antes, al oído, a la hora de vestirte…y tú sin ser creyente.

Así que cuando él se da cuenta de tu presencia y te ve, duda en ir saludarte, preguntarte por tu hijo, por tu familia, por cómo estás. Sonríe en son de paz, pidiendo tregua con los ojos, intentando generar cierta simpatía, apartando recelos, buscando una mirada tierna que le empuje a cruzar los cuatro metros que os separan.

Pero tu Virgen del Despecho te posee imposibilitándote esbozar un ademán de cercanía. A estas alturas de tu vida, te supera forzar los músculos faciales disimulando una pequeña sonrisa a quien no la merece. Así que arqueas las cejas y subes la barbilla, alzando la copa en señal de “ya te he visto”. Como el que saluda a un extraño con el que se cruza a diario, yendo por el mismo camino cuando el uno vuelve y el otro va.

Entonces al día siguiente, tu ego triunfador - pues fuiste testigo de cómo te taladraban sus miradas, mientras tú, arropada por tu actual pareja y tus amigos, sonreías feliz sintiéndote segura de ti misma-, te pregunta reflexivo el por qué esa sensación no de rencor, pero tampoco de apatía, como dejan los “ex” cuando la huella ya está superada. Y te hurgas y te buscas y encuentras cierto asco y repugnancia. Es mucho peor de lo que intuías.

¿Por qué con otras rupturas las cosas fueron diferentes? Los guardas en tu mente con cierto cariño, tienes alguna vez contactos, rememoras recuerdos y eres capaz de dialogar, tomarte un café e intercambiar varios correos, pero con él, lo único que expulsas son pensamientos que lo aborrecen.

Quizás es que nunca estuviste convencida, no sentías desde el principio lo que debías, no fuiste cauta, te dejaste llevar, convencerte por él, que parecía tenerlo todo tan claro, confiando en su experiencia, dejándote arrastrar por sus caprichos que acabaron involucrando a todos: sus hijos, el tuyo, su familia, la tuya, y adoptando un rol que sabías desde el principio que no saldría bien, que no estabas como tenías que estar, que aquello fue un error en tu vida.

¿Es despecho o simple orgullo? La palabra despecho, según la RAE, significa resentimiento, y eso no es, ni más ni menos, que un re-sentimiento, o lo que es lo mismo, acordarse de una emoción. Yo diría entonces que, descartado el primero es el orgullo el que juega el papel más importante en nuestra cicatrizada autoestima. El orgullo y tu recompuesta dignidad que te hace verle más pequeño, más insignificante, menos peligroso y poco singular.

Lo cierto es que no te llama la atención saber nada de su vida, qué ha pasado con sus proyectos, con su casa, con su coche. No quieres saber nada de sus pobres hijos que intentaron adaptarse no sólo a ti, sino también al nuevo compañero de juegos que entraba en su casa algunos fines de semana. Te da exactamente igual si vuelve a caer enfermo, si tiene pareja o no. Sólo te importa que te vea divina, guapa, sonriente y por supuesto…acompañada.

6 comentarios:

  1. Orgullo herido. No me cabe la menor duda... Lo que me pregunto es cuánto juega nuestra vanidad en ese desengaño. "Vanitas vanitatis..."
    Creo que como siga leyendo tu blog voy a tener que dejar de ser anónimo. Pasar a ser "Anónimo aka ...". A ver como me presento.

    ResponderEliminar
  2. Sí, ya que al parecer vas a ser "comentarista habitual", no estaría mal que te presentases oficialmente.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. me encanta, es cierto, todo te da igual de su vida, lo mejor es saber que él sigue registrando tu facebook jejjeje

    por cierto, a mi me pasó ¡ pero iba en chandal y encima ese tipo de pantaloncillo que te marca todo el culo y la celulitis!!!

    si yo siempre voy divina ¿ pq? ¿ pq? ¿ pq? como diría mouriño

    ResponderEliminar
  4. jaja, no me hables de Mouriño que van por ahí los tiros...jajaja.

    Lo mío ha sido siempre suerte. Debería jugar más a la bonoloto.

    Besos

    ResponderEliminar
  5. Parece que un ego fuerte es la mejor garantía para superar este tipo de reveses. Dice el Eclesiastés (y el Anónimo aka...): "Vanidad de vanidades, todo es vanidad". Pero la vanidad es una espada de doble filo, quizá más peligrosa para el que la empuña. ¿Y la eliminación del ego? Yo lo intenté durante años, pero al final no funcionó. Por desgracia, en este mundo hay mucha gente que te hará daño si renuncias a tu ego. Es un problema mucho más escurridizo de lo que parece a simple vista. Fíjate dónde nos ha llevado aquel Cary Grant de ojos soñadores y suave acento luso...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. jajajaja, no, este se parecía más al último 007, Daniel Craig (desde entonces no puedo ver las últimas de James Bond, aunque nunca fuero santo de mi devoción).

      La vanidad y el ego son necesarias, tanto como para no dejar que la tristeza y la depresión te posean, pero como todo hay tenerla dosificada en su justa medida.

      Gracias por la lectura, el comentario y la rapidez. Me estás malacostumbrando mal, y lo sabes.

      Eliminar