Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

jueves, 15 de septiembre de 2011

¿Cantidad o calidad?



Últimamente, me he dado cuenta de que hay mucha más gente de lo que yo pensaba, que no entiende, que lo no-convencional no es menos real que su estereotipada vida. Y es que, cuanto más trato con el resto, más me doy cuenta de que estamos todos muy poco maduros a la hora de aceptar diferentes ritmos y formas de vivir.

Un ejemplo perfecto sería sobre las parejas que no conviven juntas. Aún estamos deglutiendo la Ley del Divorcio (históricamente, no tan lejana), las custodias compartidas de los hijos (tan de moda en los últimos meses) y los recién inaugurados matrimonios homosexuales, como para que además, se admita, con ciega fe, que una pareja que no convive a diario, ni está "coja", ni le falla algo y es tan “pareja”como la suya, casada, por ejemplo, hace 30 años.

Si, vale, es cierto que al final es mucho más fácil acabar viviendo juntos y sí, también es obvio, que durante una buena temporada nos dedicamos a endulzarnos la vida mutuamente. Pero también es de cajón que a nivel económico, lo de compartir los gastos de la hipoteca, la comida, el gas y la luz, no deja de ser un aliciente a tener en cuenta para dar un paso más en la relación. Y cuánto más tiempo pasa, más me convenzo de que en el fondo, es un círculo en el que es fácil caer y difícil salir.

Supongamos que dos personas salen juntas y su historia evoluciona cada vez mejor. Les falta tiempo para compartir y, tarde o temprano, a uno de ellos se le escapa esa frase maravillosa que acabamos diciendo todos: "¡Vámonos a vivir juntos!". Si, al principio todo es maravilloso, pero es justo esa convivencia la que genera roces. De esos roces se pasan a broncas y de ahí a que, muchos se acaben separando, mientras piensan lo bien que estaban antes de haberse ido a convivir.

Claro está que otras veces, la espiral no llega a esa hecatombe y el engranaje gira perfectamente, pero hay que admitir que a día de hoy, existe la solución de no llegar a subirte a esa noria, dejando las cosas como están: cada uno en su casa (y Dios en la de todos), viéndose los fines de semana, los puentes, las vacaciones y las fiestas de guardar (amén) y no por ello dejas de tener una pareja "normal”.

Tengo claro, que para un matrimonio convencional en el que los hijos marcan los ritmos, las salidas nocturnas, las pocas ganas de tener sexo y las mañanas tempranas de los domingos, no hay ya punto de retorno. Aquella vida “de novios” queda ya muy lejos. Sin embargo para algunos, existe aquello que muchos definirían erróneamente como “pseudo-relación”. Vale, claro, uno va a la compra solo, sube las bolsas a pulso, cena cómo y cuanto quiere sin que le interrumpan y duerme a diario en medio de la cama, apagando la luz sin dar a nadie las buenas noches. Sin embargo, se acicala los fines de semana, dedica tiempo a su chic@, comparte un baño de espuma y se cuentan todas "las mierdas" que han tenido que soportar durante la semana.

Y es que a diario, apenas se tiene tiempo para más. Al final, la vida de muchas parejas consisten en darse un casto beso de "buenas noches" y a la mañana siguiente, levantarse a oscuras, sin apenas tocarse y despedirse hasta bien entrada la tarde, para que al volver, sea la tele la que anestesie el diálogo, las risas y aquello por lo que un día decidiste compartir tu rutina diaria.

Deberíamos pararnos a pensar si en realidad se comparte cantidad o calidad de tiempo y sobre todo respetar que otros no están "descatalogados" si deciden elegir sólo lo segundo.

4 comentarios:

  1. Quizá el problema no sea no comprender algo, sino no ser capaz de convivir con lo que no se comprende. Al fin y al cabo, no necesito comprender algo como el matrimonio homosexual (porque no entiendo por qué los homosexuales, después de todo lo que tienen que aguantar de la Iglesia, quieren refrendarla contrayendo matrimonio) para respetarlo y convivir con ello.

    Pero bueno, para no salirme del tema, yo acabo de empezar una relación y aunque todo va muy bien, no me apetece para nada perder mi independencia. Me encanta vivir solo, lo necesito a diario. Es una manera aislarme del mundo y reponer fuerzas indispensable. Cuando convives estás en contínua tensión, por poca que sea.

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  2. Lo primero, Santi, me alegro mucho de ese inicio (ya me contarás cómo evoluciona), y precísamente de eso trata uno de los links que he enlazado, con la palabra "pseudorelación". Por lo visto la mayoría de nosotros buscamos "medias naranjas" para completarnos, y curiosamente, de lo que habla el artículo es todos deberíamos ser naranjas completas. No sé cuánto de "dependencia emocional", además de la económica, rigen las parejas de hoy en día. Pero bueno, la culpa es de los cuentos de Princesas y Príncipes que llevamos siglos escuchando. A ver si enfoco por ahí el siguiente escrito, precísamente.

    Besos!

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  3. Quizás simplemente es que nos empeñamos en probar lo que no conocemos... y en este caso, de pareja de "fin de semana" te vas acomodando a lo que en cada época te parece mas conveniente... vamos, que despues de haber vivido en pareja me parece de lo más lógico no volver a caer en esa rutina. ¿O será que en realidad lo que haciamos con 16-17 años sea realmente para lo único que estamos preparados?

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  4. Quizá para lo que no estamos preparados es para la convivencia. Quizás nacimos solitarios y debamos seguir así... Quizás, quizás, quizás...jajaja.

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