Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Cuando seas padre comerás huevos.


Me gustaría ser leona, loba, tigresa o cualquier otro animal que no experimente sentimientos proteccionistas y sobre-maternales al dejar a tu cachorro vivir su vida libremente. Pero no, nací humana, mujer y terriblemente emocional.

No sé si nuestros antecesores, los primates, experimentan algún tipo de efecto en el corazón al ver cómo su monito se convierte en mono adolescente cuando empieza a tropezar con las vicisitudes que depara la jungla. Tendré que ver más documentales de La 2 para enterarme de si hay algún nivel de “humanidad” en su comportamiento. Lo que sí sé es que, a día de hoy, no me veo lo suficientemente tranquila y preparada para sufrir este tipo de preocupación.

Precisamente de esto iba ayer la conversación que tuve con una vieja amiga: Resulta que nos hemos pasado la adolescencia y años sucesivos renegando sobre el proteccionismo de nuestros padres, de sentirnos acosados cuando preguntan cuándo vamos a llegar, a qué nos huele el aliento, con quién vamos, en qué coche, dónde iremos a bailar, etc, etc, y de pronto nos damos cuenta de que hemos adoptado el mismo rol que ellos. Sólo falta que nos salga un mensaje, simulando una descarga informática, informándonos: ¡Listo! ¡La mutación genética se completó al 100%!

Y efectivamente. De buenas a primeras nos hemos convertido en aquellos de los que despotricábamos alegremente, hace décadas, solo que además, como hemos vivido experiencias bastante más avanzadas y quizás más atrevidas, tenemos constancia de que el peligro es mucho aún peor de lo que hubiesen podido imaginar nuestros progenitores.

Así que, sin esperarlo, aunque ya estabas advertida de que ese momento llegaría tarde o temprano, te ves luchando interiormente contra tu ética, tus auto-promesas de juventud (¡en la vida seré como mis padres y confiaré plenamente en mis hijos!), y no tienes más remedio que tragarte ese “sapo”; el de no poder expresar que el novio de tu hija te parece un andrajoso, que la chica que le gusta a tu hijo le está embaucando para subir su ego y nada más, y que los chavales que llaman a la puerta para que salga con ellos están más tiempo en la calle que estudiando.

Sabes que si prohíbes que salga con Pepito o Manolita lo primero que hará es aferrarse aún más a ellos, cegándole la visión que, desde tu experimentado mundo, has sufrido en tus propias carnes. Por tanto tiras de imaginación, hablas con toda madre que se preste a exponerte sus vivencias y comienzas a tejer una casi imperceptible fina tela de araña transparente, que haga que, al salir por la puerta, le sea más difícil traspasarla.

Al final, resignada, decides, encomendarte a la fortuna, cruzar los dedos en espera de que los valores y la educación impartida hayan servido de algo, que su criterio racional le gane la mano a su rebeldía. 

Después, reflexiva, recuerdas castigos, repasas vivencias, frases que a día de hoy te hacen esbozar una cómplice sonrisa cobrando todo su peso de golpe y sopetón. 

Y casi te parece escuchar a tu padre decirte con voz autoritaria: “Cuando seas padre, comerás huevos”.

Y en ello estoy, sí, untando hasta el pan.

4 comentarios:

  1. Aquí la “vieja” (amiga), esa calca de tu escrito que hoy sufre de bipolaridad emocional jajaja, esa que ahora se debate entre ser la madre que siempre quiso ser y no la suegra canija de clóset en la que está convertida. Yo no soy esa! Yo respeto y apoyo en todo momento, no me inmiscuyo ni critico.

    No sólo Freedom, creo que ya me retumba el “ar-i-es-pi-i-ci-tí” (también de Aretha) por todos lados.

    Qué sufrimiento!

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  2. Bueno...no es lo mismo una vieja amiga que una amiga vieja. ;-D

    Relax, paciencia, be water my friend...

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  3. Hijos... Pffff. Temo el día que los tenga. Si no salen como yo quiera tengo que esperar dieciocho años para quitármelos de encima... xD

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  4. 18 años???? Jajajaja...pero qué optimista!

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