Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

lunes, 19 de septiembre de 2011

Vampiros emocionales

Cuando se acaba un año a algunos nos da por hacer balance, y mientras nos atiborramos a mazapán, buscamos regalos, compartimos comidas y nos emborrachamos como si el mundo se fuera a acabar, siempre se encuentra un hueco para mirar atrás, dentro de nosotros, y ver quién se ha ido perdiendo por el camino.

Algunas de esas personas se quedaron fuera del círculo por ser incompatibles, otras se alejaron por tener diferentes ritmos de vida y unos terceros fueron acribillados por haberles tenido que clavar una estaca en el corazón, aderezándolo, si es posible de una gran ristra de ajos.

No. No se me ha ido "la pinza". Estoy hablando de vampiros. Seres que yacen pacientemente en busca de alguna víctima a la que atacar sigilosamente. Son gente que tiene su vida vacía (están emocionalmente muertos) y necesitan de tu energía y motivación para trasvasarla lentamente a su organismo. Son los que muchos psicólogos y sociólogos de nuestro siglo etiquetan como Vampiros Emocionales.

Y sí, existen, doy fe. Hay cientos, miles. Estamos rodeados. Lo malo es que, al contrario que en la ficción, ni llevan capa, ni tienen colmillos afilados, por lo que es muy difícil identificarlos. Y cuando lo hacemos, es porque ya hemos sido víctimas de sus artimañas y envoltorios. Ya es tarde. Ya nos han clavado sus dientes ansiosos de nuestra energía.

Estos parásitos psíquicos parecen ser encantadores. De cara a la galería, tienen una vida rica y una inteligencia superior a la media. Pero poco a poco van tejiendo su red, su tela de araña, arropándote para que confíes en ellos, haciéndote, sin que te des cuenta, partícipe de sus problemas, de su vida. Después, integrados ya en tu círculo social, intentan posicionarse en el primer lugar. Pero... ¡ay de ti si notan que tus prioridades son otras! Comenzarán con esa fase de dar pena, haciéndose las víctimas, buscando a toda costa tu atención al 150%, llamándote a todas horas, reclamando su posición en tu vida, luchando con uñas y dientes, por ser los más importantes.

Ese fue el caso de Nando. Lo conocí de rebote, por casualidad, y como buena "samaritana emocional" que suelo ser, no tardé en presentarle a mis amistades, que en principio rechazó a toda costa: Quería ser el único amigo a quien yo recurriese, y si podía, el único amante, cosa que nunca consigui (especifico: ni ser el único, ni ser amante).

Finalmente, ya adaptado a nuestro grupo, fue alimentándose poco a poco de todas y cada una de las personas que iba conociendo. Quiso acostarse con todas las féminas de la panda (y luego osaba otorgarse el cartel de “selectivo”). Lo cierto era que su cuerpo orondo rebosaba 150 kilos de ego que inflaba a diario frente al espejo, auto-convenciéndose de que era el mejor y el más inteligente.

Así se instaló en nuestras vidas, en nuestras casas, pues no tenía lugar donde ir y decidió compartir piso con uno de mis amigos más cercanos, que casualmente buscaba inquilino. Y cuando empezó a controlar al personal, empezó su juego: Lentamente y con paciencia consiguió situarse en el centro del enjambre, convirtiéndose en el mejor amigo de todos, en el más íntimo, el más solícito, el que siempre estaba ahí.

Pero no tardó en mostrar sus colmillos dejándonos a todos extenuados, cansados y vacíos, sin argumentos ni energía para poner un límite entre su vida y la nuestra. Sonsacaba información que luego tergiversaba para utilizarla con un tercero, encarando a unos contra otros. Si las respuestas no eran las adecuadas, o si alguien no contaba con él, la incontrolable ira de aquel vampiro emergía mostrando sus oscuras uñas, su caos emocional, sus manipulaciones y su gran soberbia. Casi era como presenciar que le diese el sol a uno de esos vampiros de Bram Stoker.

Fue cuestión de tiempo. De uno en uno y por turnos, fuimos abriendo la tapa de su ataúd, y sin más contemplaciones, hincamos aquella estaca en su podrido corazón, lleno de todos nosotros, de nuestras vidas, devolviéndonos la paz, el sosiego y la armonía entre todos. Sin embargo, no se desintegró. No se convirtió en cenizas ni se se evaporó como si fuera humo, simplemente desapareció.

A día de hoy continúa usurpando vidas, merodeando entre otros grupos, otra gente que, inocentes, le miran como a un pobre infeliz que se ha quedado solo.

Advertidos quedáis. Yo ya me he topado con varios y por suerte he aprendido a reconocerlos entre la gente, pero por ahí quedan muchos como éste, que irá invadiendo vuestras vidas, haciendo que os ocupéis de ellos, para ir poco a poco tomando el control de vuestro rincón social, exhalando lástima, quebrando vuestra sensibilidad para que penséis que es un pobre ser solitario con muy mala suerte del que hay que ocuparse.



4 comentarios:

  1. Curioso. Yo nunca me he cruzado con gente así, aunque quizás por la descripción a lo mejor he visto a alguno de lejos.

    De todas formas, gracias a mi animadversión hacia la implicación emocional (que tiene tantas ventajas como desventajas) dudo que me ocurra algo del estilo.

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  2. Pues no sabes la cantidad de vampiros que hay sueltos por ahí (busca en la red y verás). Eso sí, la ventaja de ser más implicado emocionalmente, es que sólo a unos pocos hay que clavarles la estaca, el resto merecen la pena.

    Gracias por el comment, Santi.

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  3. Pues sí, sí, no a ese nivel, pero he conocido seres egocéntricos que pretenden abducirte, y las fases son claras, primero se te ofrecen para todo sin que nadie les haya pedido nada, a mí eso ya me mosquea considerablemente porque no comprendo que alguien que casi no me conoce sea tan solícito, luego consiguen que tengas la sensación de que les debes algo, te sientes agradecida por cosas que no has solicitado, pero como somos tontas pensamos que debemos de alguna manera aportar nosotros también, y ahí empieza la fase acoso y derribo, te enganchan y ya no te sueltan, su vida es una mierda y tú te conviertes en la oreja a la que va a parar todo, por supuesto cuando contestas ni siquiera se escucha porque lo que hacen es escucharse únicamente a sí mismos y proyectar sobre ti sus miserias. Yo tengo la suerte de que los suelo ver venir y aunque los aguanto si no me queda otra, por un oído me entra y por el otro me sale, pero son cansinos, cansinos.
    Gracias Ana por pasarme este enlace, es un gusto leer ideas coincidentes.

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  4. Gracias a ti por leerte el tocho. Ya ves que en todos sitios cuecen habas! Yo ya los tengo super identificados, así que nada, ristra de ajos al canto...

    Besos y gracias por el comentario.

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