Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

martes, 4 de octubre de 2011

Mujer, sí, pero sin mariconadas.



Cansada de compararme con mis congéneres, hay días que, me da la sensación de que en otra vida debí ser varón. Digo esto sin creer en la reencarnación, en el Budismo y mucho menos en ningún movimiento esotérico que me lleve a esa conclusión. Puede que sea que aplicarse el cuento de "ser princesa" (porque el rol femenino así lo indica), lo llevo fatal.

Ya lo llevaba mal cuando era una cría: Nunca quise tener Barbies, pese a que sí jugaba con otras muñecas,  aunque las pobres eran más bien cobayas que sufrían mis cortes de pelo, sometiéndolas a las enrevesadas aventuras que imaginaba mi mente infantil, retorciendo sus piernas hasta desprenderlas de esas caderas de plástico. Luego no había manera de volver a colocarlas (ya tenía que haber tenido claro que el bricolaje no era lo mío).

Hoy, ya adulta, tampoco soy de esas madres que se quedan abnegadas horas y horas charlando en la puerta del colegio de su hijo, mientras intercambia pareceres con las demás, cotejando, como siempre, la unánime opinión de que los deberes que mandó ayer la 'profe de mates' eran demasiado exagerados. Manifestando también, que nuestros pobres niños están asfixiados y que hay que montar más reuniones del AMPA, para hacer tal o cuál evento. Para nada.

Siempre había sentido que ese rol femenino no iba conmigo. Es más, me he reconocido como bastante diferente por eso. Quizás estaba predestinada a ejecutar ambas funciones, las masculinas y las femeninas al mismo tiempo, desde el principio.

Y es que, cuanto más tiempo pasa, más machirula me siento: conduzco como un hombre (dicho por ellos mismos), digo palabrotas que no me caben en la boca y tengo carácter y medio para dar y regalar. Posiblemente, el tiempo me haya hecho más dura, menos romántica, más práctica...¿más tío?

No me entendáis mal. Soy "mujer-muy-mujer": curvilínea, me maquillo, me tiño las canas y me calzo unos tacones de varios centímetros, pero eso no quita que me dé cuenta de ciertas diferencias de comportamiento entre algunas que van de princesitas y yo.

No soy única, ni mucho menos. Sé que hay un montón de mujeres (sobre todo, a partir de los cuarenta) que se sienten muy identificadas con lo que cuento, y más a día de hoy, cuando las mujeres hemos decidido tirar hacia delante contra viento y marea sin depender de nadie.

Es por eso que cuando navego por la red y veo punteros con corazones, colores fucsias estridentes, escritos sobre cómo 'Ella' no pude vivir sin 'Él'; si hace un  mes que lo han dejado y aún está desecha; que le odia, que le quiere, etc, etc, me da cierto ataque de glucosa acordándome de esas Barbies que nunca quise.

Desgraciadamente, para darte cuenta, no tienes más que teclear en la red  "blogs / mujeres" y observar el contenido: secretos de belleza, recetas estupendas y posturas sexuales que deberían dejar de ser tabú. Es entonces cuando me noto extraña.

O en el fondo soy un tío o me pilla muy mayor tanta tontería. Sinceramente, y sin ser peyorativa: sí, soy mujer, pero sin mariconadas.

2 comentarios:

  1. Buenas noches.

    Pues siento decirte que, leyéndote, me parece que has rebotado de un rol y has caído en otro. Y entiendo 'rol' en este texto como una suerte de tópico; en este caso has ido de un tópico al de enfrente.

    Yo soy tío, y no me siento identificado con los rasgos que describes "conduzco como un hombre, digo palabrotas que no me caben en la boca y tengo carácter y medio para dar y regalar. Posiblemente, el tiempo me haya hecho más dura, menos romántica, más práctica...¿más tío?". Imagino que estás exagerando un poco, y que estás a medio camino entre rechazar el marujeo e irte a los bares a ver el fútbol. Bueno, ahí estamos muchos, no soporto a las marujas ni a los futboleros... Pero por favor, no me digas que eres "un tío" como el que describes, porque entonces debes de ser un poquito insoportable, jajajaj :P

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  2. Santi, el hecho de que tenga ciertas "cualidades" (o defectos, según se mire) que no pertenecen al estereotipado rol femenino, sin duda, pertenece al de la cera contraria. También está el rol "ameba", pero como no tenemos datos, no podemos valorarlo... Reniego de lo marujil y lo cursi, qué le vamos a hacer. Y por cierto, odio el fútbol, pero eso no quita para que cuando haya partidos internacionales en los que llegamos a la final, me enganche como una más. La euforia colectiva, ya sabes...

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