Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

martes, 15 de noviembre de 2011

¿En dónde empiezan los cuernos?



¿Dónde empiezan los cuernos? Esa es la cuestión.

Si bien para muchos los cuernos empiezan (y acaban) en la cama, enredado entre las sábanas y el amante (sirva el ejemplo y trasládese al mueble y habitáculo que se crea conveniente), para otros, el mero hecho de andar tonteando, flirteando y manifestando sus deseos (te haría esto, lo otro y lo de más allá), es el principio del inicio de la calcificación o protuberancia frontal que vamos (o van) a llevar sostenida durante un tiempo indefinido.

Y digo yo… ¿eso son cuernos? Pues sí y no. Es decir, no lo son como tal, ya que no hay roce, ni intercambio de fluidos, ni permanencia en la piel del olor ajeno. Pero sí que hay intención, hay pensamiento, hay deseo, hay demanda. Contenida, pero haberla, hayla.

Los cuernos se cuecen por dentro de uno mismo:
dentro de la mente, junto con las hormonas - como un caldo con jamón -, dentro de la médula. Y es bastante más habitual de lo que muchos puedan sospechar, sólo que no le damos importancia, pues no tenemos pruebas fehacientes, de que nos estén alicatando la cabeza.

El que no chatea por Internet, intercambia coqueteos con las compañeras de trabajo, haciendo guiños, esbozando sonrisas, parpadeando los ojos o dilatando las pupilas. ¡Qué bueno es para la autoestima saber que aún se fijan en ti! Nos hincha, nos engrandece, nos da seguridad. Mientras nuestra pareja no lo vea, no hay problema. Porque obviamente, no tendríamos el mismo comportamiento delante de nuestro marido, mujer o novio, que sin ellos. No se nos ocurriría flirtear, recibir halagos complacientes (o formularlos), coquetear receptivos delante de éstos, o mostrarnos deleitados.

De ahí que muchos vigilen los mensajes del móvil de sus chic@s, el Facebook, a quién se agrega, qué comentario se ha dicho, con quién se intercambia mensajes, por qué a tu maromo le gusta “tal cosa” de Fulana (¿será porque es una fulana?).Éstos son los previsores, los que intuyen que por ahí se empieza, que del dicho al hecho puede haber poco trecho y que tanto va el cántaro a la fuente, que acaba por acostarse.

Así que aplican la ley de muerto el perro y se acabaron los futuros cuernos y les exigen a sus medios limones alejarse de todo bicho viviente que se pueda acercar con intenciones lascivas.

Pero vivir así es un suplicio, tanto para los limones (que amargan más) como para el psico-cornudo.

Mucho me temo que entonces, no estamos ninguno libre de pecado, porque el que no ha soñado, en un momento dado, con su compañero de al lado, lo ha hecho con su cuñada. Y de aquí, derechitos, todos al infierno (dan ron, tranquilos), pues comentan por ahí sobre no sé qué de “no desear a quién no debes” ¿o era a la mujer del prójimo? En todo caso, del varón no dicen nada, así que,  ¡aaaah, se siente!… ¡Tulipán! ¡Me salvo!

7 comentarios:

  1. La mayoria intentamos seducir, cada uno con sus formas....de ahi a los cuernos hay un trecho que algunos recorren con más facilidad que otros independientemente del género. Saludos.

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  2. Bueno...y ¿hasta dónde llega la seducción?

    Gracias por tu comentario. Saludos.

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  3. Muchas veces es inconsciente otras deliberada. Llega hasta donde la dejemos....llegar.......
    a veces hasta los cuernos.

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  4. Hummmm... Claro, pues eso trataba de analizar! jaja

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  5. Todos fantaseamos alguna vez y a todos nos gusta ser aceptados y que nos hagan sentir bien. De ahí a querer que la fantasía se haga realidad o que el flirteo llegue a algo más, sólo hay una delgada línea roja.
    Has hecho un muy buen análisis.
    Ehnorabuena.

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  6. En su mayoría los hombres son infieles y todo puede comenzar por la rutina o el aburrimiento ..

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  7. Yo creo que todo empieza cuando no se evoluciona en la misma dirección. No hablemos de quiénes son más infieles que las mujeres (muchas) aparentan que no y resulta que luego sí.

    Saludos y bienvenida.

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