Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

viernes, 9 de diciembre de 2011

Empanada navideña.

Sugerido por mi bloglega Inma, recupero esta entrada navideña que escribí las navidades pasadas, y a falta de tener algo más que destacar y viendo que mi número de blogñeros ha subido sustancialmente desde entonces, he decidido subir de nuevo esta entrada que refleja el estado vegetativo por el cual algunos pasamos en determinadas fechas.






Y llegó. Cada año antes, como siempre. Aún quedando 15 días para sentarnos alrededor del asado, el besugo, el cordero y los gambones (aunque esta vez serán huevos rellenos de atún enlatado y palitos de cangrejo, que son de todo, menos de eso) decido hacer caso omiso a ese ambiente festivalero que envuelve la ciudad, el país y las televisiones, y me hago "la sueca", intentado seguir mi ritmo normal, sin fiesta ninguna, dejándome engullir por el centro comercial. Yo… y mi catarro.

La primera en la frente: hipocresía por doquier. Encendemos miles de luces, alumbramos árboles, edificios, escaparates, fachadas comerciales y luego pedimos recato, moderación, sosiego, la crisis, ya saben, ¡señores, contención!  La calefacción a 21 grados y por favor, adquiera usted bombillas de bajo consumo, que ahorrar energía es cosa de todos. Eso sí, no deje pasar esta oferta; Pensamos en ti, en tu economía; Compra 2 y paga 3; Ahorra más, que tú no eres tonto; Mira aquí, vete allí y, por tus muertos, compra, gasta, come, bebe, que pagar... puede esperar.

Resignada y moqueando
avanzo con mi carro, medio grogui, sin saber si es por puro cansancio, por alguna pastilla que me deja K.O,  o por que mis mocos residen en algún lugar recóndito de mi cerebro desde hace más de una semana. Una mala noche, la tiene cualquiera (que diría aquel de Málaga).

Por fin me adentro y ¡voilá! ¡Sorpresón!: Le han lavado la cara al sitio con un toque falso de glamour (ponemos carteles en negro y triplicamos los precios, asemejándose a un mercado de lujo), cambiando todos los productos de ubicación, para volvernos más locos. Aquello que sabías en qué esquina estaba, si era mejor, peor, más caro o con más cantidad, ya no está. Te lo han puesto en otro pasillo, que ahora es diagonal e inversamente proporcional a tus ganas de recorrer toda la estancia, sorteando el pescado, la leche, las colonias y la gente con carros azules, rojos, más altos, más bajos…(decididamente, voy pedo sin haber bebido).

Ese calor estático te empieza a absorber, sudas con el abrigo pegado al cuerpo (¿tendré fiebre?), las suelas de los zapatos se medio funden con esa plataforma plástica, y cuando crees que sobrevivirías, viene lo peor: (¡Oh, socorro!) ¡Ahí están!:  Riqui-riqui-rá, riqui-riqui-ró. El ritmo de las zambombas (hacia Belén va una burra rin-rin…)

Intentando concentrarme en dónde pueden haber metido mi último apunte de la lista de la compra, me fijo, absorta, en que llevo paseando media hora una Black & Decker último modelo, una bolsa de mandarinas y varios paquetes de pañales (…yo me remendaba, yo me remendé…). ¡Dios mío! ¿Y mi carro? ¡Me han dado el cambiazo! (¿mi carro, me lo robaron?) Yo estoy mal, desde luego, que una cosa es empanarse y otra tener indicios de demencia.

Suelto aquel carro ajeno e intruso con cierto reparo (fue casi como tocar a un extraño) y, tal que a un niño pequeño, comienzo a buscar al mío por toda la planta (a Belén castores…¿Pero no eran pastores? Ya confundo la C de Carro por la P de Pava). Me faltaba silbarlo, llamarlo: - (¿¿¿Carrito??? ¿Dónde estás carrito?).  Recorrí pasillos y columnas, estanterías y repisas, y por fin, ya pensando en que a alguien le había encantado mi selección de productos, lo vi solo, al ralentí, aparcado en una esquina, obediente, donde tiempo atrás, yo lo había aparcado.

Me faltó abrazarlo y después regañarlo, por no haber estado atento a mis pasos. Pero callé disimulando, esperando su complicidad, no fuera a ser que alguna cámara indiscreta, se hubiese fijado en mí, en mi no-carro, mi despiste y mi empanada catarral adornada con bolas de navidad, acompañada del traqueteo de las panderetas y del ritmo incansable alojado en mi subconsciente (digan lo que digan), de ese sonido de cristal de botella de Anís del Mono.

5 comentarios:

  1. ¡Buiiii-na! Aquí tienes una banda musical posible (con un abrazo):
    http://www.youtube.com/watch?v=X2A0WsxKxl0&feature=related

    Pello.

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  2. Jajajaja, pues sí, la verdad es que podría ser la B.S.O para este texto. Muy hábil Pello. Un beso!

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  3. Solo un hombre sabe comprar en estos laberintos, somos así de simples, que le vamos a hacer.
    Ventajas de no ir pensando en los menús.

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  4. Jajaja, tú crees? Yo conozco a más de uno que en cuanto le cambian las cosas de sitio sufren una crisis existencial... Un beso!

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  5. Ja ja ja, pues claramente puedes contar que ésta es una de esas entradas que al releer puedes pensar que buena soy coño!
    Genial Ana, sinceramente creo que deberías volver a publicarla, que los post no caducan, y si tienen tiempo, siempre hay gente nueva que no lo ha leído, y éste vale la pena.
    Un toque de humor fresco, muy fresco, con la confusión de carro me partía, y su toque de crítica, cuanta razón tienes, por un lado que ahorremos, que cuidado, por otro que consumamos, no hay quien se aclare....con lo de a Belén castores ya rematas.
    Creo que realmente el día que escribiste ésto andabas dopada fijo

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