Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

viernes, 11 de mayo de 2012

Charla íntima.


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El restaurante estaba casi lleno. Las mesas tenían una separación de no más de medio metro entre una y otra, y la pareja que se sentó a nuestro lado no tardó en hacerse notar al pedirme, cortésmente, que les pasara la sal.

El salero vino de vuelta a mi mesa en el segundo plato. Mi pollo al curry estaba algo soso y me tocó volver a reclamarlo haciendo un ademán de complicidad con mis vecinos comensales.

Él, rondaba la cuarentena, vestía “arreglado pero informal” (camisa y vaqueros), ella, más juvenil, melena a lo “Amelie” y sin maquillar, pasaba desapercibida, aunque si hubiesen estado conmigo algunos de mis amigos varones me hubiesen destacado más  atributos de su físico que yo, siendo mujer, fui incapaz de apreciar.

No eran más que dos personas sentadas a mi izquierda, gente que transitaba y coincidía en el mismo sitio durante no más de una hora en mi vida. Probablemente, no los volveré a ver más, sin embargo, esos instantes captaron mi atención fueron lo suficientemente diferentes como para pensar en aquello durante unos instantes.


Mi conversación versaba sobre lo que había llovido, sobre si la comida estaba buena o si teníamos que haber pedido menú del día cuando, de pronto, el volumen del local bajó lo suficiente como para que sin pretender concentrarme en los recién llegados, me llegara con pelos y señales esa “radionovela” en directo, impuesta sin más, narrada por los propios protagonistas.

- Yo…  - dijo él mientras tragaba – verás,  ahora mismo, estoy hecho un lío … (silencio sepulcral).

Creo incluso que durante un nanosegundo el que tiempo se detuvo, la gente dejó de comer, de moverse, de reírse, el aire se ralentizó y los camareros se pararon en seco cargando con sus bandejas. (¡¡¡Dios mío, que aquí sobramos cincuenta!!!! ¡¡¡Va a cortar con elle aquí mismo, en el restaurante, en medio de todos!!!)

- Pero… (ruido de copas) quiero decirte… (me va a dar un infarto como no vaya al grano ya mismo) que yo… quiero…(se levanta y se va, ¡seguro, seguro!)  quiero que tú… (silencio infinito, - seguía  tragando…- ¡Pero deja ya de comer, hostias! ¡Que el momento lo merece!…) que tú, estés… conmigo (¿cómo? ¿cómo conmigo? Entonces, después de todo no la va a dejar…¡menos mal, ya me estaban amargando la comida!)

Me sentí muy incómoda. Obviamente, no me parecía que fuera un diálogo para tenerlo entre bocados, y menos en un restaurante en el que se podían compartir hasta los manteles. Intenté seguir a lo mío pero mi acompañante parecía estar en su mundo, sin darme opción a ocupar mi mente. Decidí observar al resto: a los camareros que salían y entraban a la cocina, a los de mi derecha, que sin embargo no percibía de qué hablaban, a la inglesa de turno que, como siempre, se le escuchaban sus carcajadas por encima de los decibelios españoles (y luego dicen de nuestro ruido ibérico…).

Las voces de esta pareja se diluían de cuándo en cuándo, con el resto del ambiente del local, (lo cual agradecí) ya que empecé a pensar que me estaba poseyendo el espíritu de  “lavieja’l visillo” .Traté de volver a lo mío, dándome vergüenza ajena por haberme quedado con la trama de su historia. Seguí salteando aquel plato de curry y pensé en cómo era posible que aquellos dos no se dieran cuenta de que esa charla, supuestamente íntima, se podía oír con pelos y señales en dos mesas más allá.

- No sé lo que pensarás (otra vez, por Dios… ¡Dejadme comer en paz!) - pero...- volvió él a la carga.

- ¿Y qué es lo que has dicho en casa? – le interrumpió la versión española de Amelie. No pude evitar mirarla de refilón para ver cuál era su postura y qué cara ponía.

- Bueno, lo oficial es que estoy viviendo solo y que no tengo a nadie…(¡Ahahá! O sea, que ella es “la otra”) - Y claro… (bebió vino)…es tan fácil como decir “mamá y papá antes vivían juntos y ahora ya no”. Además ella me lo está haciendo pasar fatal, no sabes cómo me está puteando - me lo imaginé con cara de cordero degollado. No quise ni mirar, pero me sonaba todo tan típico... -. Lo único que te pido… (seguía haciendo interminables silencios que parecían no acabar nunca)… es …(tragó) que estés ahí. 

- ¿Yo? – Dijo ella como si tuviera un palo metido en la espalda. Evidentemente estaba rígida, tensa (¡A ver si acaban ya y puedo relajarme comiendo!) - Ya sabes que yo no tengo planes y... estaré encantada. (¿Será capaz de decirle que estará pa' lo que quiera? - Sí, definitivamente, me estaba convirtiendo en "visillera"-  ¡Pero mujer, un poco de dignidad! Que se divorcie primero, que se rehaga, y luego ya si eso, entras tú en juego…).

- Yo encantada-. Repitió sumisa mientras se cogían de la mano -. (¡Buah! ¡Pringada!)

Me dieron ganas de levantarme, decirle que ella será el clavo que saca el otro clavo, que solapar una relación con otra es indicativo de ser alguien de paso, en tránsito, que lo más normal del mundo es que él vuelva con su mujer o acabe conociendo a otra (por estadística, claro, porque cuando un tío sale de un divorcio, le renacen las alas y se quiere tirar a todo bicho viviente – cosa que también es lógica -)…Pero obviamente callé, seguí saboreando aquel pollo soso, pues aquella pareja  que comía a mi lado, sólo eran dos extraños que durante apenas una hora de mi vida únicamente compartieron decibelios, espacio y sal.

10 comentarios:

  1. ¡Cotilla! si que pareces la vieja del visillo, si. Jaja...
    Que suerte tenemos los que observamos, escuchamos, valoramos y luego sacamos un buen relato de un momento cualquiera.
    Analogias, mi amiga la observadora.
    En cuanto a la comensal con parecido a Amelie, pues un poco blanda si que parece si, pero eso ya es decisión tuya.Que un clavo saca otro clavo es un dicho muy sabio.
    Un besazo.

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  2. donde digo "tuya" debe leerse "suya" jaja se me ha ido la olla.

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  3. Jajaja, en mi defensa diré, que todos llevamos una Vieja'l visillo dentro... Jamía.

    (jajajaja)

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  4. Por un lado diré que yo también llevo un radar que no puedo controlar, capaz de enterarse de un montón de conversaciones que no me incumben; aunque luego no me pueda centrar en las que sí lo hacen. Por otro, que no podemos juzgar una historia por un momento y unas frases; es divertido hacerlo sin darle trascendencia (lo de imaginar digo) pero nunca sabremos que existe entre esas personas realmente.

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  5. Que bien lo has relatado, parecía que yo estaba allí...
    No está mal escuchar a los de al lado, ¡claro! si no se tiene algo más interesante que escuchar en ese momento.

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  6. A veces nos lo ponen a tiro, y nos convertimos en viejalvisillo, que se hubieran ido a otro sitio, será... Me has hecho reir un rato, muy bueno tocaya!!. Un saludo

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  7. muy bien escrito el cotilleo, ja,ja, aunque todos somos el otro u la otra en potencia...saludos

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  8. A la pobre "Amelie" no le enseñaron aquello de: "el que con lo ajeno se viste, en la calle lo desvisten".
    Fácil es de suponer lo que ha de suceder.
    Al respecto, hace unos cuantos años, en el norte argentino, mientras descansaba en un albergue, tras trabajar todo el día en el campo, mi compañero de cuarto me indicó:
    -¿Vio lo que le pasó a la gordita ésa? - se refería a una muchacha joven, rubia y que andaba todo el día con la escoba en la mano.
    -¿Cual, la mujer del dueño?
    - No es la mujer del dueño. Llegó al "hotel" junto a un viajante, quien la dejó aquí mientras iba a la ciudad vecina a cobrar unos cheques. Ya hace tres días que se fue y el dueño del hospedaje le da albergue y comida hasta que vuelva el otro y le pague.
    En ese momento, malsanamente empezamos a reír a lo loco. Mi compañero lo remató con:
    - Hoy hay cada desesperada que agarra cualquier cosa...
    La historia se la había referido, en tono de confesión, el pobre dueño del albergue. Mi amigo no tuvo que "parar la oreja", para enterarse.
    Es verídico ciento por ciento.
    Un saludo sonriente.

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  9. Hola Ana...:

    Antes eran las viejas del visillo las que manipulaban las opiniones de los enamorados a su antojo; ahora son los enamorados los que manipulan a su antojo a las pobres viejecitas. No hay duda de que, tarde o temprano, la auténtica naturaleza de las cosas acaba por hacerse notar...

    El seductor cree que en el drama del amor lo único interesante es el escenario, el cambio de escenario.

    Un beso.

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  10. Esas conversaciones cogidas a contrapelo, a veces incompletas y que nos hacen interesarnos más que en las de nuestros compañeros de mesa.
    Aunque tengo que decirte, que más de una vez, ante la curiosidad ajena he montado una conversación cómplice para comidilla de cotillas. Jajaja!!!
    Un saludo y felicitaciones por tan buen micro.

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