Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

domingo, 22 de julio de 2012

Cuarto de siglo.

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Había pasado más de cuarto de siglo. Veintinco años sin saber nada el uno del otro. Todo ese tiempo ajenos, avanzando en sus respectivas vidas por diferentes caminos, distintas partes del mundo, desiguales entornos y sin embargo, el destino los sentaba ahora el uno frente al otro con una gran incertidumbre.  Eran ya dos personas ajenas sin puntos en común más que un pasado lejano que ninguno de los dos se había propuesto revivir.

No habían vuelto a hablar desde el día en que sus vidas se bifurcaron hacía ya trescientos meses. Él, consternado por el dolor causado; ella magullada por los arañazos en el alma. Todo aquello vivido en mitad de aquella adolescencia en la que se descubrieron las primeras caricias, los primeros besos, el sabor de sus tensas pieles, jóvenes, inmaduras. Fueron sus primeros para todo.También para aquella primera vez que tanto se recuerda a lo largo de la vida.

Ella rememoraba a ese, su primer amor, con un cierto sabor agridulce. Estaba convencida de que ella no había sido igual de importante para él y asumía que su historia fue circunstancial, alguien que ocupó un momento y un lugar su vida. Había dado la casualidad de que ella fue la primera como podría haber sido la quinta, la penúltima o la tercera. Casi podría jurar que él nunca le había dado ninguna importancia al respecto.

Ahora, vencidos ya esos nueve mil días que habían transcurrido desde entonces, se miraban a los ojos, vacíos de resentimientos, sin nada que esconder, con la guardia bajada y las manos abiertas, repasando sus triturados caminos y sacando a flote sólo lo importante de todo el tramo recorrido. Sus arrugas incipientes, sus canas disimuladas, sus adultos cuerpos, encajaban exactos a aquellas jóvenes siluetas que ambos recordaban de sí mismos. Esas mismas siluetas que se adaptaban perfectas a los recuerdos que ahora trataban de esquivar sin profundizar en exceso, charlando sólo de banalidades: el trabajo, la familia, el futuro, la economía del país...

Era insólito: Hasta hacía unos instantes habían sido dos perfectos y fríos extraños pero en cuestión de minutos, la química comenzaba  a envolverlos paulatinamente, llevándolos de la mano a un nexo de unión que ninguno había previsto. Y el punto de enlace fue ese mismo donde cada uno había decidido ir por su camino.

Y de repente, a partir de ahí, todo fluyó pero lo hizo hacia atrás. Emanaron los recuerdos, los momentos vividos, los viajes, las anécdotas, las risas, las penas y, subliminalmente, las justificaciones. Sólo a base de reflotar esas reminiscencias se dieron cuenta de la intensidad vivida en aquellos años. Ese pasado, que aparentaba estar enterrado y sepultado emergió a borbotones casi con vida propia.

Fue la madurez, la seguridad que sólo se obtiene con los años la que tomó las riendas de aquella charla. Sólo entonces él reafirmó varias veces y con rotundidad, que para él, ella siempre había sido la primera. Lo dijo dándole la importancia merecida, la misma que ella le había otorgado a él durante esos veinticinco años.
Su femenina lengua casi pudo paladear la miel de aquella dulce sentencia mientras el sabor agrio comenzaba a evaporarse por fin.

Se despidieron emocionados, intentando retener el tiempo que, como siempre, pasaba deprisa. Sonrientes, se dieron dos castos besos, acariciándose los brazos y sujetándose al tacto como prueba fehaciente de que todo había sido real. Y marcharon cada uno por su camino nuevamente, sopesando el regalo que les otorgaba la vida al brindarles la oportunidad de reencontrarse así, tras un cuarto de siglo.

20 comentarios:

  1. Muy bueno y sentimental relato. me ha gustado mucho!!... nada más qué añadir, mis palabras sobran en este momento.

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  2. A mí me parece muy tierno... casi ñoño, pero sí, puede ocurrir que con el devenir de los años, el motivo de la ruptura se suaviza y se le da más importancia a los momentos compartidos.
    Siempre hay un hueco para la esperanza, aunque sea la de Calasparra ;).
    Algo sobrio pero buen texto.
    Abrazos.

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    1. Sobrio pero tierno y ñoño? Esto cómo es? Como inteligencia militar? Términos antagónicos? jaja

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    2. ¿No puede ser sobrio (carente de adornos superfluos) y tierno (afectuoso, cariñoso y amable) a la vez?
      Yo creo que no son términos antagónicos pero, bueno, las mujeres sabéis bastante más que yo.
      Especialmente las Anas ;)

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    3. Hombre, sobrio, sobrio... querrás decir austero? Pero vamos, si usted lo ve sobrio pero tierno, casi ñoño, es como el melón con jamón: dulce y salado al mismo tiempo...ji ji ji.

      Fdo. una Ana.

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  3. En estos momentos me encuentro débil, muy débil... casi echo una lagrimilla, de verdad te lo digo, Ana. Me ha gustado mucho. Besos

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    1. Pues si te ha llegado, me alegro. Aunque no estés en el mejor de tus días. Ánimo que todo pasa! Un abrazo.

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    2. Gracias!!! Estoy mejor, en parte gracias a tus ánimos. :)

      Abrazos

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  4. Es una historia preciosa, tocaya. Con sentimiento, delicada, tierna. Me has hecho entrar en el relato y vivirlo así tal lo cuentas.

    He disfrutado con ella. Un abrazo.

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  5. ay, los amores de juventud, esos que dejan tanta huella...
    Luego con los años, y recubierto el cuerpo de tantas llagas los vuelves a encontrar en un café. Ha pasado el tiempo, han cambiado los gustos, incluso la manera de pensar en algunos casos, pero el cuerpo, la piel tiene buena memoria y recuerda con exactitud esos besos en la oscuridad de una portería. Los tambores del pecho, la ropa medio bajada dejando espacio para esos dedos curiosos que casi nada saben del cuerpo..., ay, esos recuerdos no deben perderse jamás. Espero que ese encuentro lo conserves en ese lugar donde guardamos las ilusiones de verano.
    Buena entrada. Un beso, Ana.

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    1. Joer Ángela...como sigas así me voy a tener que ir a dar una ducha de agua fría!!!

      Un besazo!

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  6. Fantático encuentro... fortuito??? yo no creo en las casualidades, ese es el destino!!! ains...

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    1. El destino es un ente puñetero que se lo pasa pipa a nuestra costa... Besote!

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  7. Yo creo que hay ciertas cosas que el tiempo no puede borrar, las emociones,los recuerdos,y esos momentos que aunque sean pasados permanecen.
    Precioso tu relato,tierno y emocionante!

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  8. Lo que hubo, quedó, pasaron los años, pero el destino les dio una nueva oportunidad, ya más libres...
    Qué bonitoooooooo!!!
    A veces pasa... y te reencuentras con alguien que perteneció a tu pasado y el cuerpo se tambalea del impacto... y puedes hacer dos cosas: pasar de largo o no. ;-)

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  9. jajaja, ya veo que aquí ninguno pasaría de largo... Gracias por leer!

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