Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

domingo, 5 de agosto de 2012

A la vejez, plegarias.

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- Señor: haz que se muera -. Le rogaba a esa figura hecha de resina que representaba a un hombre agonizando, clavado en una cruz con pies y manos sangrantes.

Aquel era su pensamiento más frecuente de los últimos años. Y era normal. Llevaba años (por no decir siglos) sometida a una presión imposible de aflojar. Su cabeza no podía más y estaba prácticamente al borde del desquicie. Nunca imaginó que el destino, o ese representante al que ella rezaba y que ahora colgaba de una cruz, le hubiese preparado una prisión en vida en la que ella misma sería su propia carcelera. Presa y guardiana al mismo tiempo. Víctima y verdugo.

- Hay días en los que me levanto y me dan ganas de largarme lejos - seguía diciéndole a la figura impávida –, dejándole ahí, solo, a expensas de que alguien quisiera hacerse cargo de él: Sus hijos, sus nietos, su familia lejana…o un asistente social. No iría muy lejos. Por mucho que diga que no me necesita, que amenace con comer por los bares, con contratar a una señora, sé que sería su fin, y como tal, yo sería la responsable.

Hacía años que su vida había dejado de ser independiente y activa, pues él era su foco de atención en todo momento: revisarle las pastillas, hacerle una buena dieta, patrullar su bebida (esa que tenía absolutamente prohibida), y lo que peor llevaba: vigilar su comportamiento. Era su cruz. Algo debía de haber hecho mal en el pasado porque “El Señor” le había castigado con un marido que nadie podía soportar durante más de dos horas seguidas. Sólo ella. Y lo hacía ya no por amor sino porque era su obligación de esposa, tal y como le habían enseñado, como mandaban los cánones. Sí, sufría desesperadamente cuando no podía sujetar sus modales, cuando veía cómo intentaba separarla a toda costa de su familia, de sus amigas, del entorno, repitiéndole una y otra vez los defectos de cada una de las personas que les rodeaban. Tenía taquicardias en el momento en que veía cómo arremetía contra un vecino, un cuñado, una sobrina… Y él  lo que quería era sencillo: quería que fuese sólo suya, que estuviese única y exclusivamente pendiente de él, que no tuviese distracciones, ni evasiones. El debía ser el centro, como manda la jerarquía familiar que él merecía. Claro que todo tenía una razón: sin ella él no era nadie. Ni podría vivir, ni sobrevivir. Demasiados años aguantando su despotismo, sus caprichos, sus caídas y recaídas para que, ahora, en mitad de la vejez, cuando más la necesitaba, ella no estuviera. No lo permitiría. Sin embargo, no era consciente. Estaba tan acostumbrado a que ella siempre cediera que su propia ceguera egocéntrica ocultaba cómo la iba hundiendo poco a poco.

Y en esa prisión seguía un día y otro. Escuchándole cómo la infravaloraba, cómo repetía una y otra vez que ella no sabía, que no era así, que hablaba mal, que no se acordaba de las cosas, que se le iba la cabeza…

- Señor, ¿será verdad? ¿Me estaré volviendo loca? – Llegaba a dudar de sí misma -. ¡Qué ganas tengo de irme lejos! ¡Qué suerte tienen las mujeres de ahora que sí se pueden divorciar! Si yo hubiese sido más lista lo habría hecho antes, cuando los niños eran pequeños y éramos jóvenes. El habría encontrado a otra en seguida. Pero ahora no. Ahora no puedo. Se moriría sin mí. Llegaría a ser un triste borracho sin nadie que le cuide, nadie que le arrope y vigile sus pesadillas.

- Señor te lo suplico -. Repetía una y otra vez con lágrimas en los ojos -. No podría dejar a mis hijos esta carga. Es necesario, de verdad, haz que se muera... antes que yo.

18 comentarios:

  1. Jolín, que bien narrado y expresado, muy bien, me ha encantado.

    Y anda que no hay casos de estos, dependencia absoluta del tirano hacia su esclava.
    Por supuesto que hay que tener pena por la pobre mujer tiranizada,pero al mismo tiempo se la puede admirar y comprender.

    Él no es más que un despojo patético por el que sólo se puede sentir desprecio y estar seguros de que su vida es una mierda, y es un desgraciado.

    Besos, me ha gustado un montón

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    1. Bueno, esto que cuento, desgraciadamente está a la orden del día.
      Gracias por el comentario y la lectura!

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  2. Realidad, ¿cuántos machotes hay por ahí haciendo añicos el alma de las personas que más le quieren? Maltrato psicológico.
    Hay que aprender a amar menos y mejor, y no tanto y tan mal.
    Espero que pronto sean escuchadas sus plegarias. Muy buen relato, tocaya.
    Un besote.

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    1. Aquí, me temo que hay tres caminos: abandonarle (cosa que no hará), crearse un escudo para que le resbale todo (difícil ya a estas alturas) o aguantarse (que es lo que acaban haciendo todas estas mujeres a las cuales, sinceramente yo admiro profundamente).

      En fin...afortunadamente las cosas han cambiado para nosotras.

      Un abrazo, "toca" (jaja).

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  3. Ella es sumisa y esclava. Debiera encontrar la forma de no serlo, aunque le costase un buen susto a él. Después sabría si lo que pueda hacer con esa persona, es repartir amor con dignidad, o ciertamente no hay salida y debe abandonarlo.
    Él, imagino que debe estar perdido y hundido por algo. Debe encontrarse a sí mismo, sin ayuda de nadie, no por nada, sino porque no acepta ayuda en esas condiciones, más bien hace daño al que intenta ayudar.

    Muy buen final el que has hilado, Analogy, con un posible doble sentido, aunque para mí no lo tiene.
    Te mando un beso

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    1. Bueno, doble sentido como los sentimientos contradictorios que tiene ella...

      ;-)

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  4. Ante todo ofrecerte mi admiración por acordarte y ofrecernos en este genial relato, el sentimiento de muchas mayores condicionadas en otro tiempo (no muy lejano) por la educación y creencias qué les eran impuestas.

    hoy las mujeres habéis evolucionado, en el sentido de disfrutar de la libertad qué tanto se os ha negado en otro tiempo y qué gracias, entre otras cosas, a la generación qué mencionas, habéis conseguido.

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    1. Admiración la que siento yo por el aguante que tienen estas santas, la verdad. No sé qué hubiese hecho yo en otra época. Seguramente habría estallado hace siglos.

      Gracias por tu aportación. ;-)

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  5. Tremendo relato y tremendo realismo,que como bien han expresado,es una realidad lamentablemente muy frecuente.
    Gracias Ana,por textos como este.

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  6. Ana me dejas con la piel de gallina. Desgraciadamente existen muchísimas mujeres así aún hoy día y no tiene que ser mayor ¿eh? yo las he visto también jóvenes y es una vergüenza que eso suceda.
    Me has traido a la memoria a la dulce Neus, que lo mató sin ningún remordimiento harta de aguantar palizas y humillaciones. Sé que eso es un caso extremo pero... ufff... yo siempre la he disculpado que quieres que te diga... a tomar por culo el tío ese.
    En fin que me dejas pensando...

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    1. No pienses, Maite, no pienses!!! Ea, ea, ea...ya pasó, ya pasó... Carolineeeeeeeee no vayas a la luz!!!! jajajaj.

      Bromas a parte, es una putada que alguien decida ser sometida de esa manera porque no tiene fuerzas, coraje o quizás, falta de egoísmo, para largarse y mandar no sólo a él a la mierda, sino también, al resto del entorno, que quieras que no, para mujeres así, pesa mucho.

      Besos y no pienses, no pienses, que miedo me das!

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  7. Un potaje de garbanzos aderezado con cianuro
    Una peladura de plátano estratégicamente colocada al pie de la escalera
    Cambiarle las pastillas de la tensión por algún placebo
    Ponerle ocho kilos de viagra en el jarabe para la tos y meterle una pilingui en la cama, a ver si le explota la patata.
    Si aún vive la suegra traerla a casa, esa es una venganza bastante mala, pero él se la merece.

    Ahora en serio, sé que muchas mujeres aguantan este tipo de vida, y es una lástima, porque la vida es muy breve y pasa velozmente.
    Un abrazo para ti, por tu sensibilidad.

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    1. jajaja, bueno, ya veo que todas llevamos a una asesina dentro, eh?

      Exacto, es una pena que a día de hoy haya muchas mujeres aguantando esto (y hombres, si se da el caso contrario).

      Besos, bruja!

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  8. Es una pena que todavía queden parejas así (y algunas no tan viejas), con la mujer sintiendo la pesada carga de la obligación contraída.
    Aunque la protagonista del relato continúa con la relación (además de la obligación) por compasión, por lástima...
    En fin, espero que se cumplan sus deseos.
    Me gustó.
    Besicos.

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    1. Bueno, yo creo que sigue con la relación por todo eso y además, básicamente por miedo a todo pero sobretodo a tener ella la responsabilidad de la vida de él.

      Gracias por la lectura, Joaco.

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  9. Esta es una situación muy cotidiana. Dura como la vida misma y la propia vejez.
    Saludos.

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    1. Si Ohma, mis historias normalmente son cotidianas (de ahí lo de Analogías, jejeje), y es asquerosamente real, duro e injusto.

      Gracias por tu comentario!

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