Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

miércoles, 28 de noviembre de 2012

La no-docencia


Para aquellos ignorantes (sin acritud) que imaginan las maravillas de trabajar en un colegio por aquello de los horarios y las vacaciones, compongo esta entrada y os invito a vivir de cerca ese “estado laboral paradisíaco” que es el entorno de la enseñanza. Yo soy personal no-docente (e indecente) y como tal, no puedo hablar de corregir exámenes, de revisar deberes o quedarme sin voz de tanto explicar la lección. Pero sí puedo decir que pocos días he dejado de pegar un grito hipohuracanado, un silbido (poco glamouroso pero funciona), abrir incidencias por mal comportamiento, encararme con tíos como torres y no parar de colocar libros que un buen número de alumnos dejan desparramados por todo el lugar.

El tema es que, al parecer, la palabra "bibliotecaria" suena muy zen: Todo el mundo se piensa que estás sentada, tocándote el higo, mientras lees y lees y de cuándo en cuándo, levantas la vista de los renglones para ver el percal, bostezar y seguir entre el aplastante y soporífero silencio escuchando latir tu propia sangre bombeando en tus oídos. Sí, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad. 

Trabajar en un habitáculo de 90 metros cuadrados con una puerta que se abre al menos trescientas veces al día con sus respectivos trescientos estruendos y convivir horas y horas con alumnos, de entre 10 a 18 años, que pasan más tiempo conmigo que con sus madres, deja la paciencia del Santo Job a la altura del betún. ¡Ese era un mierda a mi lado, oigan! Efectivamente, llega un momento en que acabas hasta el mismísimo nardo planteándote si lo tuyo no hubiese sido mejor haberte dedicado a picar piedra en una mina. Al menos, la mina, se deja picar.

Una biblioteca escolar es un sitio en el que tú eres la única en que se empeña que haya un mínimo de paz y los 700 que pululan por allí (no exagero) se dedican a frecuentar el lugar como si fuera el salón de su casa, un sitio de reunión o el bar de la esquina. Así comienza el pulso diario: tú te empeñas en hacerles pensar que están en "el tempo del silencio", donde el respeto por los demás es básico, y ellos se obcecan en hablar en voz alta, haciendo todo tipo de ruido, contándose lo que han ligado o han dejado de ligar el finde (o sssea, ¿no?) y el pedo morrocotudo que se cogió Pepito Pérez, con sus respectivas carcajadas. Eso sí, luego que si no tienen otro sitio donde concentrarse porque fuera hay mucho ruido (hay que joderse, de verdad, yo un día los mato, pero lentamente para que sufran).

Y es que llega un momento en que te das cuenta de que te estás repitiendo como el ajo, soltando cada dos por tres las mismas frases: "baja los pies de la silla", "ponte los zapatos ahora mismo o te los tiro por la ventana, que me estás dejando el ADN impregnado en la moqueta", "como te pille jugando a las cartas / pc vas a ver la biblioteca desde el patio durante mes y medio", "Mengano, cállate ya de una vez", "Citano, le voy a mandar un mail a tu madre para que sepa a qué te dedicas en tu hora de estudio", y un largo etcétera que hacen que me plantee seriamente si esto es un trabajo no-docente o soy yo la que realmente les está educando.

Finalmente, tras gritos, amenazas, y chistidos múltiples, con cara de bibliotecaria-revenida, sudorinas, cabreos, golpes en la mesa, etc, llegan por fin esos ansiados minutos de paz y te pones a currar. Entonces es cuando les da la vena de tratarme como a una sucursal de "Carlin" (tu papelería amiga): - Oyeeee, Anaaaaa ¿tienes un lápiz?¿ una grapadora?¿ me dejas hojas de líneas?¿puedo imprimir? ¿qué hora es? (¡coño míralo al fondo, que hay un reloj!). Incluso han llegado a pedirme hasta aguja e hilo (muy fuerte, sí). Al principio cedía. Al final he acabado contestando que no tengo, aún sabiendo que intuyen que miento. Me la trae pendulona.

Y una vez consigues llegar a tener el sitio relativamente tranquilo, entonces, ¡zas! aparece el profesor de turno buscando a un alumno para explicarle, pedirle un trabajo porque lo tiene retrasado o ficharle porque está haciendo "peyas" y se ha escaqueado. Y vuelta la burra al trigo con "shhhhh", "que os voy a echar", "que os calléis" y mil frases amenazantes.

El caso es que ellos me deben ver como una bruja cuarentona que vive amargada rogando silencio. Si supieran realmente que yo siempre oigo la música a tope, que yo no había pisado una biblioteca en mi vida por tener que estudiar en voz alta y que yo, de seria y distante tengo lo mismo que de monja de clausura, seguramente se sorprenderían tanto como mis amigos cuando tratan de imaginarme en mi papel de "ama- dominatrix" que fustiga a los niños con un látigo.

Cierto, es toda una pose en la que me mimetizo en cuanto paso la puerta del edificio, pero si no fuera así, tengo claro que me habrían despedido hace ya mucho tiempo o habrían acabado conmigo.




44 comentarios:

  1. uf, pues que paciencia chica. ¿Y darles a todos de latigazos como que no verdad?

    lo siento, chica, cada cual apechuga con lo que le toca. Todo tiene sus pros y sus contras, a mi me encantaría currar entre libros, pero claro, luego en la practica ya veo que es complicadillo, por lo que cuentas.

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  2. Por cierto, muy buen relato, jaja que me iba sin decírtelo.

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    1. Más que latigazos yo hubiera optado por sacar la Kalashnikov, pero corre el rumor de que está penado y la verdad no sé si merece la pena...jajaja. Currar entre libros es una cosa, currar entre chavales es otra.

      Un besote y gracias por pasar.

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  3. Jajajajajaja madre mía...vaya tela lo que hay que aguantar. Por cierto, tu no te pondrás gafas de esas en la punta de nariz no??? ya te estaba viendo como la señorita "Rotenmeyer", sí, no se escribe así pero paso de buscar como se pone en el gugle jajajaja.
    Buen texto doña Ana.

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    1. Pues no. Mira que todos los años me hago la revisión a ver si me ponen gafas de bibliotecaria (para imponer algo más, si acaso) pero éstos se empeñan en que sigo viendo bien (y escuchando, porque oigo sus susurros).

      Diosssssssssssssss, qué harta estoy!!!!! Ves? Estar en el paro tiene alguna ventaja que otra (siiiii, yaaaa, vale...no me pegues!)

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  4. ¡Qué buena entrada y que cierta!
    Yo a todo el personal que trabaja en educación, lo admiro de una manera casi religiosa.
    Nadie sabe lo duro y estresante que es hacerlo. Te tiene que gustar mucho y necesitas de mucha vocación, para trabajar en ese entorno, desde el porfesor hasta la señora de la limppieza, pasando por la que va en el autobus en las rutas. Todo el personal hace una inmensa labor que no está suficientemente recompensada, ni reconocida.
    Besazo

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    1. Pues hay mucha gente que piensa que trabajar en un colegio es un chollo. Lo que no ven es que te pegas hora tras hora, día tras día y mes tras mes con mogollón de descerebrados que intentan, a toda costa, montarla de una manera u otra. Supongo que en aquellos tiempos en los que el profe pegaba collejas las cosas eran diferentes y andábamos todos más tiesos que un palo.

      Gracias por pasarte, Dole ;-)

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  5. Diré algo, todos los que dediquen su tiempo y su esfuerzo a estar con estos animalillos descerebrados, maleducados, ruidosos e insoportables, merecen no sólo mi admiración y respeto más profundo, sino un altar y la beatificación como santo y martir, más un bono para alguna casa de salud donde recuperarse y una medalla por ser capaces de conservar la cordura.
    Yo tengo una y no la aguanto, cuando se me juntan tres, comienzo a plantearme el asesinato en masa, imagina si tuviera que lidiar con más, terminan conmigo.
    De cualquier manera fíjate que cuando me preguntan en que me gustaría trabajar siempre digo que me gustaría tener una librería o ser bibliotecaria, eso de estar entre libros me entusiasma, pero claro, siempre imagino una biblioteca con adultos.
    Muchos besos

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    1. Efectivamente, una biblioteca de adultos no es lo mismo, aún así según me dicen "mis chicos", en las bibliotecas públicas anda la cosa más o menos igual, solo que la bibliotecaria no suele ser tan cañera (macarra que es una).

      Te digo yo que las profesiones están mutando y esto ya no es lo que era... Veremos si no me infartan antes de fin de curso.

      Besos.

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  6. Me ha molado este relato que has "vomitado" :)
    Hay que estar en ese curro y vivir lo que cuentas en propias carnes para entenderte, aún así estoy con dolega... mis respetos y admiración a todo el personal (docente o no) que tiene que "lidiar" con adolescentes.

    Un abrazo!!

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    1. Ahí le has dado. Que parece lo que no es.

      Un besazo!

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  7. Los chicos son desesperantes que piensan que el mundo es suyo. ¡ah, juventud, divino tesoro...! Lo bueno que tiene... es que es una enfermedad... que al final se cura.
    Tú... paciencia... ponte a hacer solitarios con el pc... jamía... que no están los tiempos para perder el trabajo.

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    1. jajaja, solitarios dice! Si tengo más curro que el fontanero del Titanic!!! Un besazo, Hulni.

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  8. Jajaja!!! No sabés lo que me reí!!! Me la trae pendulona!!! Qué buena Ana, me morí con esa...
    La verdad que yo pensaba que ser bibliotecaria era tal cual como lo ponés al principio, qué equivocada. Es un trabajo que siempre envidié, sobre todo porque pocas cosas me gustan más que leer y desde luego pensé que los bibliotecarios podían leer a troche y moche en el curro. He dejado de envidiarlos luego de este post...
    Menos mal que te sabes poner en papel. Yo es que los mato, si trabajo ahí me meten presa, estoy segura.
    Un beso

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    1. Sí, yo hoy he blasfemado bastante. Fíjate cómo sería que en vez de un café (a la hora del café) me he tomado un menta-poleo por no tener un valium...

      Hay días que... telita!

      Gracias por pasarte, ahora te leo en un rato.

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  9. Pensándolo bien, creo que yo no valdría para trabajar cara al público, es muy cansino. Paso de ser bibliotecario, camarero, conductor da autobús, vendedor de lo que sea... Yo soy más de darle caña a mi máquina de control numérico y maldecir al jefe por hacerme echar muchas horas... Claro que más quisiera yo esas largas vacaciones ;)

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    1. Pues si te digo la verdad, yo también las quiero. El personal no-docente no tenemos las mismas que los profes ni de lejos. Encima eso! Un besote.

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  10. Tocaya, sé de lo que hablas!!!
    A mí me toca tres cuartos de lo mismo. Ah, y además el enfado de mamá porque el niño no le come en el comedor, y en casa tampoco. Oiga señora, que esto es un colegio, no Lourdes!!!!
    En fin, paciencia toc!!!
    Una entrada a lo grande. Besotes.

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    1. Bueno, yo también tengo el caso de que las mamis me llaman para protestarme porque les voy a cobrar el libro que ha perdido su churumbel, y como el cole cuesta tanto, deberíamos tener un presupuesto para ello... Con dos webs!

      En fin, coles!!!! Un besazo.

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  11. Hay que ver que indecente es lo que le pasa al personal no-docente. Yo ya me habría convertido en un psicópata peligroso enmedio de tanto psicópata.

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    1. Jajajaja, si, yo ya estoy a puntito!!! Un saludo.

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  12. Jeje...pues yo creía que eras la típica bibliotecaria cubierta de telarañas y más sóla que la una (como aquí, en spain, la simple palabra "biblioteca" da sarpullidos a la peña...) Pero amiga, si es en un colegio, no me digas más; me lo imagíno y ya sudo...juasssssssssss, pobrecilla....otra que entra en el cielo por merito propio.
    Salud,amiga (...y paciencia)

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    1. Pues mucho me temo que al paso que voy, me veo jubilándome allí, vieja, rechoncha, gorda y de mala leche. Está claro que si no eres bibliotecaria como tal, al final te conviertes...

      Besos y gracias!

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  13. te has quedao a gustito eh! me ha encantado Anita guapa!

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    1. Sí, ha sido un buen desahogo... :-) Gracias a ti, Luna.

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  14. La biblioteca es un lugar para ligar, todo el mundo lo sabe. Ironía off.

    Saludos.

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    1. Ahá, claro, claro, pero no con la bibliotecaria...

      ;-)

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    2. y ahora es cuando el yin y el yan tienen sentido y recuerdas lo mala que eras en tu adolescencia? jajajaja

      Buen blog, me quedo por aqui.

      Portate bien.

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    3. Gracias por la visita. Acomódate donde quieras. Yo no era mala, sólo un poco perversa...:-)

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  15. Yo cada vez que voy al colegio admiro a profesores, conserjes, personal de comedor etc etc, es tal el ruido y el jaleo que me da que no está pagado con dinero, y eso que son chavales que como mucho tienen 12 años.

    Recuerdo también mi época de instituto y ya me acabo de convencer de que es una profesión, cualquiera relacionada con un centro de educación, que debería contar para beatificar o no a alguien.

    En cualquier caso y acordándome de la entrada del facebook dudo que los chavales te vean como una cuarentona amargada, más bien van todos a la biblioteca a verte y a ensoñar :D

    Besos.

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    1. jajaja, no, yo creo que me tienen más en plan Hermana Mayor (como el tío del programa pero en femenino). Y ayer toqué fondo. Creo que la niña del exorcista era una dulce y sumisa ovejita a mi lado...

      Gracias por tu empatía...:-) Ommmmmmm

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  16. Yo no sé cómo verán los chicos a "la bibliotecaria", aunque sí que sé que la mayoría de ellos son más soñadores que nosotros, los adultos, y quizá esto influye a la hora de ver y pensar en "la bibliotecaria"; y más aún en un entorno donde los libros lo llenan todo.
    Cuando yo iba al colegio, casi cada tarde me acercaba a la biblioteca para esos librojuegos y literatura juvenil. Recuerdo especialmente los libros de Ende, "El hobbit" de Tolkien u otros obras de autores menos conocidos. Leer ese tipo de literatura salpicaba aún más mi ensoñaciones y mi forma de ver la vida; incluso mi forma de ver "la bibliotecaria". A esa edad, cuando contemplas una MUJER, al menos a mí me pasó, te quedas fascinado. Casi sueñas con ella. Yo estaba enamorado de la bibliotecaria de mi pueblo. Me la imaginaba conduciéndome por todas las historias de "sus" libros. Ella era la dueña. Así que, entre 700 niños que vienen a verte a diario, ¿cuántos piensas que estarán enamorados de ti aunque los quieras asesinar muy lentamente para que sufran? :P Muy bueno el post, un humor encantador, salado e incluso con alguna pincelada negra, muy suave, pero inofensiva y que te arranca una sonrisa.

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    1. Gracias Jaume. Se ve que tienes pasión por los libros y que tu bibliotecaria no era la típica gorda entradita en años, con canas oliendo a cocina...

      Se nota, se nota...jajaja

      Un abrazo!

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    2. El físico de la bibliotecaria no era lo más importante, sino que es todo su mundo el que te hechiza y te somete ^_^ De hecho, la bibliotecara de mi infancia, se llamaba Montse, no era especialmente atractiva. Era bajita, con unos quilitos de más... pero a mí me fascinaba. Al final, en tu mente la conviertes en una mujer llena de sensualidad y exuberancia, como las grandes heroínas de las mejores novelas :)

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    3. Seguro que ahora el físico de la bibliotecaria te llama más la atención que cuando eras un pipiolo. Está claro que una bibliotecaria en plan dominátrix os mola mucho (a todos), pero creo que de esas hay pocas (a mí no me mires que yo no soy ni como la tuya ni como la que pongo yo de ejemplo, aunque coincido con la tuya en el tamaño, me imagino).

      :-)

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    4. Mujer, es que ahora ya no soy un pipiolo iluso, ahora soy un pervertido desviado de los senderos del Señor, y si veo una bibliotecaria guapa, mis pensamientos no serán nada puros. Creo que es de los mementos en mi vida que pienso más en sexo. Estoy enfermo. Me tendrían que encerrar. ¡Con la bibliotecaria!

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    5. De verdad, tengo ideas en mi mente que me asustan. Las tengo que plasmar en relatos, así las podré compartir pero a la vez nadie pensaré que sea algo real...

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    6. Pues escríbelas! Seguro que es por la edad...y el verano!

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    7. ¿La edad? jajajaja, ¡ya no soy un adolescente, aunque desde tu punto de vista parezca muy joven! El verano seguramente influirá, ahora con el buen tiempo, la playa, las noches agradables y un mojito en el chiringuito de la playa... Las escribiré, ¡eso seguro! Quizá empezaré por continuar "La bibliotecaria"... ;)

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    8. Otra si empiezas por donde lo has dejado, la cosa pinta bastante...densa :)

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    9. Sí, por ahí pensaba empezar... ;) Y quién sabe hasta dónde llegará...

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