Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

viernes, 10 de mayo de 2013

El Primero





(Refloto esta entrada de hace un par de años, que he recuperado y corregido, pues estaba perdida al fondo del blog. Si alguno la recibe duplicado por correo, pido perdón y que sepa que no es una segunda parte. Incluyo también los comentarios anteriores copiados).

La primera vez que lo sintió pensó que era un calambre. Se trataba de un cosquilleo eléctrico que nacía en la boca del estómago y subía hacia la garganta, terminando por diluirse suavemente en los oídos. Era breve e intenso sin apenas dejar resquicio. 

Ella quiso disfrazar aquel momento de adrenalina desbocada sin delatar que todo su cuerpo se deshacía por dentro, pero fue en vano. El lo detectó con tan solo mirarla. Sonrió ladeando la cabeza, triunfante, mientras seguía concentrado en los femeninos labios que se obcecaba en besar. Eran tiernos, jugosos pero sobre todo, inocentes.

Se había encaprichado de la chica sin tener muy claro qué era exactamente lo que más le atraía de ella. Lo único que sabía es que se había propuesto conquistarla con aquel extraño juego de seducción. Quizás fuera más cabezonería que enamoramiento. Era lógico, en cuanto alguna se le resistía, se empeñaba con más insistencia, y ésta parecía ser de las más tercas.

Iba paso a paso, hurtándole besos, cobijándose en un rincón oculto del barrio en el que ambos vivían. Él insistía en llegar más lejos, tenaz, elaborando poco a poco alguna estrategia para terminar de conquistarla, para que se dejara llevar confiada. Pero la chica se comedía intuyendo que aquella pasión momentánea debía controlarla, debatiéndose entre aquel dulce resquicio que habían dejado las mariposas en su adolescente estómago y su sexto sentido que le avisaba insistentemente, manteniéndola con los pies bien anclados al pavimento. 

Esta vez, como muchas otras, volvió a ganar su instinto, que vestía cual guardián alado posándose en su hombro derecho y silbándole al oído cordura y sensatez. Después sabía lo que vendría: se pasaría semanas pegada a su ventana, observando sus movimientos, escuchando sus señales, atenta a sus llamadas, concentrándose en sus rutinas sin gran éxito, buscando excusas para salir a buscarle y dejarse seducir nuevamente una temporada más. El juego podía llegar a ser eterno.

Luego volvería a repetirse lo de siempre: tras una temporada de manoseos, besos,  revolcones y calenturas comenzarían nuevamente los desprecios, los ninguneos y la exhibición continua de otras chicas agarradas de su mano. Era curioso: Todo aquello debía de haber empezado al revés. Ella conoció antes el desamor que su antónimo. Esa historia no podía ser sana. Las reglas se las habían enseñado justo al contrario, al menos, así lo había aprendido en la mayoría de los cuentos. En este caso, Cenicienta no parecía recuperar nunca su zapato de cristal y este príncipe le probaba el calzado a todas y cada una de las damas del reino.

Afortunadamente, la capacidad de recuperación del ser humano se hace más fuerte cuánto más joven eres. Forma parte del aprendizaje, de la salida del cascarón. Tarde o temprano uno sigue adelante su camino, escuchando a ese sexto sentido, el mismo que sigue susurrándote al oído qué camino has de elegir. Así lo decidió: Triste, enfadada, dolida y magullada lo apartó de su entorno a base de un gran esfuerzo: se mostró indiferente en cada cruce de miradas, dejó de buscar su terraza a través de su ventana, de acudir a sus llamadas al oírle silbar. Un día y otro más.

Lo curioso era que cuanto más lo evitaba, más insistía él en perseguirla. Ni contigo, ni sin ti. Ansías lo que no tienes y desprecias lo que crees a buen recaudo. Él siempre fue un caprichoso que quería tener lo que no tenía, siendo, además, el primero en todo: El primero en conducir, en tener coche, después una moto; el que conducía más rápido, el más resultón. No era un tipo guapo, sin embargo tenía cierto aire a Tom Cruise, quizás por los ojos, algo achinados, la nariz ligeramente aguileña y sobre todo por aquel aspecto de chulo engreído que inspiraban películas como Cóctail o Top Gun.

La vida pasaba, y tras una fiesta en la que no paró de insultarla por haberle ignorado, decidió retirarle el saludo, la palabra y la mirada por tiempo indefinido. Todo aquello tenía muy mala pinta. Ya no buscaba besos furtivos, sino sumisión. La química dejó de existir, sólo había imposiciones. Lo mejor era cortar por lo sano, como si nunca se hubieran conocido. Ya no era un juego de críos adolescentes sino una relación tormentosa en la que, por supuesto, ella no estaba dispuesta a participar.

Y finalmente sirvió. El se fue alejando poco a poco; ella fue encontrando su camino y sin más, se fueron olvidando el uno del otro.

Tres décadas más tarde, viendo en televisión una sátira sobre la película "Cóctail", rememoró sus ojos achinados, su chulería innata, y rió. De pronto se vio reviviendo aquellos años de besos furtivos, de luchas de caracteres y recuperó aquel sentimiento, ya aséptico, que había vivido siglos luz atrás.

Reflexiva, pensó largamente en él y fantaseó sobre qué habría pasado si no le hubiese perdido la pista. Se lo imaginaba con diez o doce kilos más, con una incipiente barriga y dos críos de la mano cruzando la calle. No le hubiese importado haberle visto envejecer poco a poco, perdiendo pelo año tras año, viéndole pasar en su antiguo barrio. Le habría hecho gracia mirarlo de lejos y comparar sus andares presentes con aquel desparpajo que tenía atravesando el jardín de su portal mientras jugueteaba con las llaves haciendo círculos en el aire.

No le habría causado ninguna vergüenza haberle dicho, treinta años después y frente a un café, que fue él la causa de su gran ansiedad durante meses en la adolescencia, que fue él quien le enseñó a desconfiar de los hombres, que gracias a él, la lección la aprendió por el lado más difícil y se volvió más dura, menos confiada, nada romántica y que aquellas mariposas que salieron de la boca de su estómago fueron las primeras que sintió en su vida. Mariposas convertidas en gusanos, y no al revés.

Y esperaría una disculpa, cual adulto que hubiese sido él, enfocando la lejanía de aquellos días, como una etapa en la que uno actúa y el otro aprende, ridiculizando hasta minimizar los traumas, los orgullos, los años de silencio, para finalmente sentir la misma complicidad que tuvieron ambos al cruzar las miradas desde aquellas ventanas.

Hubiese sido fantástico hacer las paces, sentirse libre, calmados por fin... treinta años más tarde.

Pero el destino no siempre permite que uno apacigüe sus demonios y los convierta en seres inofensivos. Muchas veces la vida decide ser aún más cruel de lo que puedas imaginar y, de pronto, exige hacerte auditoría. Entonces uno se da cuenta de que si eres el primero para todo; para conducir, comprarte un coche, una moto, emanciparte, montar un negocio, y pilotar avionetas... también decide que serás el primero en morir.


Para R. (e.p.d)















  1. Hola

    Me llamo Alejandra y soy administradora de un directorio web/blog y me ha gustado mucho su sitio.

    Me gustaría contar con su sitio en mi directorio, a cambio solo pido un pequeño enlace a mi página de películas, ¿Qué le parece la idea?

    Mi correo es: ale.villar@hotmail.com

    Un beso! y SueRte con su BloG!

  2. Pues por supuesto. Déjeme el link de la dirección de su blog y no tardaré en colocarlo aquí.

    Gracias por leer!

  3. Me encanta como escribes!! He llegado a tí a través del directorio Mundo Inicio. =)
    Soy del blog Nubes de Verso. Te sigo porque me encanta el blog!! ;D

    bicos

    Cali

  4. Pues muchas gracias. Ahora le echaré un vistazo también a tu blog, que tiene muy buena pinta. Un abrazo bloggero!

  5. Niña que final ufff, mal cuerpo me has dejao. Cuando vi la foto de la avioneta pensé que era alguna "analogía" pero ya veo que está bien escogida para ese final.
    Una pena terminar así ¿verdad?, y qué razón tienes cuando dices que después de los años, que bueno sería volver a hablar y quedar en paz. Sería fantástico.
    Voy a por klinex...


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    1. Sí, es un final real, hija... Desgraciadamente, la vida muchas veces es peor que la ficción.

      Un beso.

      P.D. Al final recupero este texto y lo refloto, ea...
  6. estupendo relato, sin florituras, real y cruel como la vida misma, sin un final feliz. Felicidades, porque transmite y llega. Un beso
  7. Me han quedado tantas conversaciones pendientes...
    Me hubiera gustado acabarlas bien.

    Besos.



    1. Exacto, quedaron muchas cosas en el tintero de las que hablar, muchos resentimientos que apaciguar...pero, C'est la vie!

      Besos, Toro
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  8. Que lindo llegar y leerte, esto es lo bueno de la literatura, encontrar bellezas como tú...





    1. Gracias Ignacio, todo un cumplido que sube la moral a cualquiera.

      Un saludo.

  9. Salvando las distancias me recuerda a una historia personal, creo que quién más quien menos tiene algo parecido, en fin, que bonito reflote. Besos.

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    1. Y creo recordar que escribiste algo así, verdad?

      Triste pero bueno...es lo que hay.

  10. Me ha encantado el ritmo del escrito. Pasar por tantos sentimientos y sentidos en poco espacio.

    Me quedo contigo.

    Saludos




    1. Muchas gracias Beatriz. Lo mismo te digo, en cuanto pueda echo un vistazo a tus escritos.

15 comentarios:

  1. Este es uno de esos textos con los que puedes identificarse por ciertas cosas, ciertos detalles...
    No por el final, claro... no podrías sentirte nada en ese caso...

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    1. Obviamente, lo espeluznante de todo ésto es el final.

      Gracias por estar ahí, Luigi. Besos

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  2. Es un texto tan real,ya que como dice Luis,uno se identifica en muchos aspectos..
    Bien escrito,entretenido y lleno de emociones..qué más se puede pedir?

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    1. Gracias Luna, por pedir se puede pedir más pero no vamos a ser ambiciosos, no? jejeje. Besotes.

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  3. Joder nena, te has lucido, se me ha puesto el vello de punta, porque además lo intuyo como una historia real.
    Es una lástima porque estoy casi segura que de haber tenido la oportunidad os podriais haber reunido y reiros de todo aquello, cerrando por fin el capítulo con un buen final. En fin, la vida es así...
    Besitos, me ha gustado mucho ¿A ti te han dicho alguna vez que escribes muy bien? jaja

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    1. Intuyes bien, niña. Lo cierto es que fue alguien que me marcó mucho y al final la vida se tomó una cruel venganza.
      Me lo han dicho alguna vez, si, pero ni tantas como te lo han ducho a ti, jajaja. Un beso de finde.

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  4. Bonita aunque triste historia, no la habia leido no. Un abrazo.

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  5. Sin dudas te has ganado un espacio en mis tiempos de lecturas... llegar aquí y saber que lees cosas buenas.
    Un historia conmovedora y triste.
    Un abrazo
    Carlos

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  6. Las verdaderas lecciones las aprendemos de la forma más dura, sin adaptación curricular ni nada de eso, por eso se quedan tatuadas en el alma. Me ha gustado mucho la idea de recuperar estas maravillas del fondo del blog, nos das una gran oportunidad a tus nuevos seguidores.Esta historia tan real y emotiva lleva un mensaje muy profundo.
    Un fuerte abrazo, toc.

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    1. joer, qué bonito eso que has dicho de quedarse tatuadas en el alma. Es que no podría haberlo definido mejor!

      Un besazo, BiToc!

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  7. Vaya!!!

    Que pena que no tuvierais la oportunidad de la reconciliación.

    Beso.

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    1. La vida es cruel muchas veces, por eso hay que aprovechar las oportunidades cuando las tenemos a mano.

      Un abrazo.

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  8. No conocía este texto y me ha gustado muchísimo, Analogías.
    Tienes un don para contar, y nosotros tenemos la suerte de disfrutarte señora Sherezade.
    Besos.

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    1. Le dijo la sartén al cazo? Tú sí que sabes contar!!

      Besotes!!!

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