Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

lunes, 9 de diciembre de 2013

La herencia perdida (reedición).


Si de algo sirve tener bloglegas, además de aprender, compartir y hacer que la blogosfera sea un sitio interactivo, sirve para inspirarte a la hora de escribir nuevos temas. O eso, o te empujan a retomar entradas obsoletas que andan en letargo esperando su momento. Ésta ya tiene solera, pero es de las que tenía “a secas”, en el pozo cibernético de este blog. 

Hoy, gracias a esta entrada de Miguel, me he atrevido a desempolvarla para que le dé el aire, que dice que ella también quiere su momentito de gloria. Ya sabéis lo egocéntricos que se ponen a veces los post.


El otro día, hablando de abuelos, genética y parecidos razonables, saqué a relucir que yo no había llegado a conocer a ninguno de mis cuatro abuelos. No creo que sea un caso excepcional (y más con una guerra civil de por medio), pero lo triste del caso es que ni siquiera cuento con datos que me hagan tener conocimiento de mis raíces familiares.

De los maternos tengo más, pues mi madre sí me ha ido contando parte de sus recuerdos. A su padre no le llegó a conocer, ya que Stalin decidió fusilarle en una de sus paranoicas cribas contra su propia gente (¿por qué? ¡Ah, fácil! Por una razón contundente: porque sí. Creo que su único pecado fue tener procedencia ucraniana y claro, ya se sabe: de ahí a urdir un plan de independencia de la Unión Soviética a "cero coma". ¡Más quisiera Mas!). Sin embargo, mis referencias genéticas por el lado paterno se ven bastante desangeladas: mis únicas reseñas son que mi abuelo era pintor de brocha gorda y mi abuela (creemos que medio gitana, por cierto) era "planchaora" de un taller de planchado.

Tampoco es que esto sea un drama. Estamos más que preparados para asumir que nuestros abuelos van a desaparecer tarde o temprano. El hecho es que según maduro (más bien, envejezco) el runrun se hace cada vez más grande y me corroe la curiosidad por saber qué fue de ellos tras quedarse sin sus dos únicos hijos vivos. Imaginad un matrimonio con tres niños y de golpe y porrazo quedarse sin ninguno. El pequeño murió por un accidente absurdo: una caída que le dejó inválido y, tras varios años de sufrimiento, murió en una silla de ruedas. Los dos mayores fueron evacuados a Valencia al inicio de la Guerra Civil y, de ahí, sin comerlo ni beberlo, a Rusia. Lo que iba a ser un alejamiento temporal y circunstancial se convirtió en una despedida: nunca más volvieron a verlos. Mi tío Rafael fue asesinado en alguna cárcel soviética. Mi padre consiguió volver tras tres décadas de intentos, cuando mis abuelos ya no vivían.

Hace varios años viajé con una amiga a conocer la ciudad de Málaga. No tardamos en visitar la céntrica calle donde había nacido mi padre. La peatonal callejuela parecía haberse congelado en el tiempo. Aún guardaba la esencia del lugar que debió ser antaño: blancas casas andaluzas salpicadas de geranios donde la gente paseaba tranquila. El inexistente tránsito de coches me invitaba a imaginarle jugando con mi tío. Casi podría asegurar que no había ni adoquines, que la calle era polvorienta y que se embarraban las veces que llovía.

Me planté allí con el corazón encogido, sintiendo un vacío enorme al buscar, confusa, cuál de aquellas casas podía ser la que había habitado mi familia, pero me dio más pena aún cuando vi lo que quedaba de los últimos edificios derrumbados, justo al final de la calle. Los solares invadidos de cascotes, tejas y escombros me atraían, fantasmagóricos, dándome la certeza, sin tener la seguridad de que en una de esas casas habían vivido mis abuelos. Noté una agridulce punzada en la boca del estómago sin causa justificada, pues no tenía constancia de que aquellos restos pudieran haber pertenecido a mi familia.

Seguí melancólica, evadiéndome. Me encantó imaginarme cómo mi tío abuelo Modesto, "El Ronquillo de Málaga", le amonestaba con cerrado acento malagueño por haber golpeado alguna ventana con el balón. Menudo personaje debió de ser. Regentaba una taberna relacionada con el mundo de la tauromaquia y, por lo visto, arrendaba trajes de luces a toreros noveles. No fue difícil buscar datos sobre él y quedarme petrificada al encontrar un artículo en el que no sólo salía su foto, sino que además, capturaba un momento familiar con un sobrino. Acerqué la vista a la pantalla, intentando distinguir las facciones en aquella foto borrosa, y cuál fue mi sorpresa al ver que aquel niño que “toreaba" un perro ¡era mi padre!




Es increíble que aquellas historias que te cuentan cuando eras niña y que has archivado en el mismo sitio del subconsciente que los cuentos de Hans Christian Ándersen, hoy se convierten en una realidad palpable. Es como un holograma proyectándose a modo de mensaje, dándole toda la credibilidad del mundo. Faltaría su voz diciéndote: ¿Lo ves? ¡Es cierto!

Me gustaría volver a Málaga, a la calle donde nació mi padre. Quizás ya estén reconstruidas aquellas casas y tengan nuevos inquilinos llenando de recuerdos las cuatro paredes. Me encantaría saber en qué cementerio están mis abuelos y en qué año murieron. Quizás en el futuro me plantee bucear en mis raíces y así dejar mis cabos bien atados, pero de momento me conformo con visitar aquella calle que hoy sigue vive en mi memoria a través de  "Google Maps".  Efectivamente, menos da una piedra.




37 comentarios:

  1. Es una historia muy bonita Ana, me alegro que hayas recuperada tus raíces aunque sea en una pequeña parte. Biquiños!

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    1. Buf, cuánto me gustaría saber más, pero ya ves. Al menos me conformo con los cuatro datos que tengo. Es lo que hay.

      Un beso!

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  2. Gracias por compartir todos esos recuerdos.
    Me ha gusta mucho como lo cuentas.
    Me sentía niño leyéndote.
    Y se me ha contagiado tu melancolía.

    Besos.

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    1. Y a mí me ha encantado ver ese lado sensible, Torito.

      Un beso!

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  3. Yo tuve la suerte de conocer a todos mis abuelos, y todos vivían en el pueblo, así que no he tenido que buscar raíces ni nada de eso. Me gusta lo que has hecho, tratar de encontrar esos recuerdos que te han contado y ponerles forma. Me alegro de que hayas reeditado esta entrada antigua.
    Un beso.

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    1. Sí, lo cierto es que al leer la entrada de Miguel me he acordado que tenía esa escrita hace ya un tiempo y la he retocado porque faltaban cosas (la foto del perro la encontré después).

      Un beso gordo.

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  4. Yo tampoco conocí a ninguno de mis cuatro abuelos, pero sí que los tengo localizadísimos :P
    Sin embargo fue muy emotivo cuando fuimos a Asturias a buscar las raices del Consorte. Después de una árdua labor de investigación durante un año, dimos con el pueblo exacto de donde salieron sus ancestros en el SXVIII hacia Cuba.
    Llegar al cementerio y ver muertos con los mismos nombres de tios y primos contemporáneos fue muy fuerte. Incluso en algunas lápidas había fotos y era realmente impresionante porque siguen teniendo la misma fisonomía todos.
    Una experiencia muy especial.
    Besazo, hermosa.

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    1. Buf! Es que si yo supiera dónde están enterrados sería la leche. No sé ni cuándo murieron ni de qué. Cuando volvió mi padre a España, pese a haber estado en contacto con su madre, ya no había nadie excepto la taberna y unos cuantos trajes de luces de torero de su tío (que se los llevó su pareja, jejeje. Cachissss podríamos haber estado forrados!).

      Besos!

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  5. Ojalá te pudiera enviar la lágrima y el sentimiento que me produjo tu artículo. Un abrazo.

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    1. Un beso, Jess. Me alegro de que te haya gustado.

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  6. uallllaaaaaa.. yo hace tiempo hice un árbol pero madre de dios... son un monton de gente y no conozco a casi nadie.. y encima mis abuelos eran primos hermanos así que imaginate, para aclararse con tanto apellido igual, pues como que no sirve de mucho..
    por otro lado, estoy como loca persiguiendo a uno de mis tíos para que me cuente historias, es el mayor de los seis, y ahora tiene unos 77 años.. así que da de si.. y me encanta todo lo que me cuentan de la familia... supongo que al final, a todos nos gusta saber de los orígenes, imagino tu alegría al recorrer esas calles y ver esa foto.. es apasionante "el saber"..

    ale ale... a seguir investigando!!

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    1. Qué suerte! En mi casa saldría un árbol pelao! jajaja.

      Besos!

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  7. Emociona tu entrada, Toc. Todos queremos saber de dónde venimos, conocer nuestras raíces y eso conlleva muchas veces a sentir una nostalgia infinita por aquellos seres que sin conocerles son parte de nosotros.
    Una foto con mucho valor, sin duda.
    Abrazos fuertes, y pronto reales.

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    1. Ya te digo, tengo ganas de espachurrarte!!!!

      Besazos!

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  8. De mi parte paterna, nada sé. Ni siquiera quien es o fue mi padre. De la materna sí que he ido recopilando anécdotas, alguna fotografía e incluso un libro que se escribió sobre mi abuelo.
    Me queda pendiente una visita a Montijo, lugar del que fue alcalde mi abuelo y en el que lo fusilaron. Estuve a punto de ir en 2010, cuando estuve por última vez en Badajoz. Incluso compré los billetes de autobús, pero me arrepentí porque no disponía del tiempo suficiente para hacer la visita que yo quería.
    Me alegra que mi entrada te haya hecho recuperar esta tuya, que me ha gustado mucho.
    Un beso.

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    1. Sí, me ha dado pie para rescatarla y añadir cosas.

      Entiendo ese punto de desarraigo tanto como tú, me temo. Un beso muy gordo, Miguel.

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  9. Yo tampoco he conocido abuelo alguno, al paso que va la cosa es complicado hasta que conozca a los nietos, tengo un serio problema con ese parentesco :)

    Bonita historia querida.

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    1. jaja, seguro que sí los llegas a conocer. La vida pasa en cero coma, ya te lo digo yo que hace nada le estaba limpiando las caquitas al mío y va a cumplir 16 en breve.

      Qué depresión!

      Un beso, líder.

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  10. Hummm...este tema de la búsqueda de las raices siempre me deja pensando...Con mi costumbre de ir de sobrada me resulta ajeno el interés, pero claro, es muy fácil decir eso cuando las tengo clarísimas, y me pregunto que sentiría si no fuera así...no tengo ni idea, igual que soy capaz de imagina<r mi reacción en otras circunstancias aun sin haberlas vivido, aquí se me hace extraño.
    Apasionante lo poco que conoces, lo suficiente como para que una vez te hagas rica y famosa con el libro sobre tu padre, sigas indagando y hagas una segunda parte que sería la primera, sobre tus abuelos.
    Besitos

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    1. Rica? jajaja, permíteme que me descojone, Inma. Hoy en día no se hace rico ni la subnormal de las 50 sombras de Grey.

      Un beso gordo de esos bien arraigados.

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    2. No me digas...que ingenua soy, que ingenua...

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    3. jajaja, eso mismo pensé yo antes de leérmelo.

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  11. Creo que nos ha hecho recordar a todos a nuestros abuelos, yo conocía a los cuatro, incluso a una bisabuela y, aunque muy niño, la recuerdo como si la viera ahora en la casa.
    En cuanto a la foto de tu padre, ese pase con el "capote" tiene tronío, esa mano en la cadera, esa pierna izquierda adelantada, si me dices que fue torero me lo creo, ¡vaya arte!, como su hija.
    Besos.

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    1. jajaja, sí, menudo arte que tenía con el perro. No deja de ser una coña el tema, pero vamos, que la hija ha salido poco taurina, yo veo al toro, no al torero...(es mi lado sensible).

      Besotes!

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  12. Jo, qué interesante... A ver si puedes averiguar más. Por suerte, en esta era tecnológica en la que estamos, estas cosas se vuelven un poco más sencillas. Ya nos irás contando sobre tus pesquisas si algún día te da por seguir tirando del hilo. Un besote!!!

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    1. Algún día me pondré las pilas, habrá que mirar en algún registro supongo. Yo intuyo que mi abuela murió entre el 61 y el 66, que fue cuando murió mi padre. Vete tú a saber dónde estará enterrada ahora, pero seguiré buscando.

      Un besote!

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  13. Un Post lleno de nostalgia antes desconocida. Tuvo que ser una grata sorpresa encontrarse con esa foto. Un abrazo compañera.

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    1. Pues imagínate. Buceé bastante hasta que dí con la foto, que además estaba en un blog taurino y hablaban de mi tío abuelo. La entrada estaba muy abajo, y cuando llegué y lo vi no supe quién era el niño en un principio. Después, según me fui fijando iba alucinando y mi madre me lo constató horas más tarde. Fue como que te da un vuelco el corazón, exactamente.

      Un abrazo!

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  14. Las raices tiran de uno, verdad Ana?
    Conocí a los mios aunque los perdí pronto. Entre los siete y catorce años me quedé sin abuelos. A través de ellos decubrí mi lengua, el gallego.
    Eran gente de campo, humildes pero muy orgullosos y trabajadores.
    Entiendo perfectamente tu interés por querer saber de tu familia.
    Y la foto es muy tierna, pese a que yo tampoco soy taurina, :)
    Muy interesante y emocionante este post.
    Besos.

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    1. Gracias Ohma. Yo ya te digo que tengo pocos datos pero los que encuentro, me van dando pequeñas satisfacciones.

      La foto es la caña!

      Un besote.

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  15. En mi caso yo solo conocí a mi abuela paterna, y se murió cuando yo tenía 11 años, me acuerdo muchísimo de ella a pesar de los años que han pasado. Respecto a los otros abuelos, a mi madre me da miedo preguntarla porque se me pone a llorar, ya que ellos tampoco los disfrutaron: la pobreza les obligó a ofrecerlos a lo que ahora se llamaría "familias de acogida", que me río yo de la acogida, más bien eran casas de esclavitud, donde por un chusco de pan y poco más les hacían trabajar duramente desde niños.
    Gracias por "reanudar" esta conversación. Besos

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    1. Gracias a ti, Don Corso. Estas cosas, como que pegan más a final de año, haciendo una reflexión, no crees?

      Un beso gordo.

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  16. No sé porqué, pero el conocer nuestras raíces aunque no hayas conocido a ninguno de nuestras antepasados, siempre deja una paz y una sensación de ..."Ya sé de dónde vengo".Yo conocí sólo a los abuelos paternos y ni siquiera mi madre me dió datosde sus padres porque no los sabía, uno la abandonó siendo pequeña a ella y sus hermanos y su madre murió muy joven, asíi que de abuelos maternos nada.

    Pero me gusta la gente que se preocupa por saber algo más de sus raíces, adelante, Ana, y nos vas contando los resultados. Más abajo te dejo un enlace de una historia nmás o menos parecida con unos primos de Canadá.

    Besos apretaos.

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    1. O sea, que casi andas como yo...

      Gracias por el enlace, mañana me lo leo en condiciones (es tarde ya) y te comento.

      Un besazo bien arraigado.

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  17. Perdona, hija, estoy loca, le di a publicar antes de poner el enlace, aquí te lo dejo.



    http://misqueridaspersonas.blogspot.com.es/2009/05/sorpresa.html

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  18. Yo solo he dejado de conocer a mi abuelo materno. Cuando murió mi abuela, su mujer, andaba yo cerca de los 40. Mis abuelos paternos murieron cuando tenía 8 y 15 años. Aún pude disfrutar de los tres. Me has hecho pensar en eso. Realmente, por lo que veo en ti y alguno de los que comentan, me puedo considerar un privilegiado en ese sentido.
    Me ha encantado la entrada.
    Besos.

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    1. Gracias Chema.

      Sí, desde luego que eres un privilegiado habiendo habido una guerra civil y con tanto exilio que hubo.

      Me encante que te haya encantado :-)

      Besos

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