Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

sábado, 8 de agosto de 2015

¿Casualidad o causalidad?


Imagen de Internet

Escribir tu primer libro, desata un cúmulo de emociones, sin duda. No hay que decir que es muy satisfactorio lograr que tu mensaje sea valorado, que muchas de las personas que no creías interesadas en él devoren sus páginas o que a los tres días de haberlo sacado al mercado estés firmando en la Feria del Libro. Este año ha sido una constante montaña rusa emocional en el que la mayor parte del tiempo me encontraba en la parte de arriba. Y es que cuando se trata de escribir la historia de tu sangre y, posteriormente, ir conociendo casi en primera persona a algunos de los personajes principales que han tenido cabida en esas líneas, los sentimientos, además de volverte a situar en la cima de la espiral, se convierten en profundas reflexiones que te dejan poso durante un largo tiempo. Por todo ese cúmulo de cosas, mi silencio en este blog.

Algunos de los que me leéis habitualmente, sabéis que he llegado a publicar un libro sobre la difícil vida que tuvo mi padre. En principio, la meta era sencilla: con publicarla y darla a conocer (tal y como él quería) me daba por satisfecha. Tan solo se trataba de difundir esa parte de la Historia que la gente desconocía, o simplemente la había olvidado. Lo que él vivió y las grandes mentiras que se difundieron durante aquella época merecen incluso más difusión. Sin embargo, con lo que yo no contaba era con que, el hecho de sacar a flote sus vivencias, fue el impulso que inició un dulce “efecto dominó” en el que la primera pieza fue empujando a las demás y activando una larga cadena. Por supuesto que Internet y la predisposición de las personas que nos hemos encontrado relacionadas con todo esto tienen mucho que ver, pero también me he dado cuenta de las casualidades (¿o causalidades?) que han venido después.

Como anécdotas puedo contar que, estando en una presentación, una mujer salió entre los escuchantes a decir que ella sabía la historia de mi padre porque el suyo se la había contado. Casualmente, trabajaban juntos en Madrid y, por casualidad también, ella pasaba por la puerta de la biblioteca donde exponíamos. Vio el cartel de la presentación del libro y, al reconocer el nombre, entró a escuchar lo que su padre hacía años le había contado sobre el mío. 

En otra ocasión hubo una señora que la casualidad quiso sentarla en el asiento del auditorio donde yo presentaba. Resultó ser la abuela de unas alumnas de mi colegio y, por las preguntas que me hacía, me di cuenta de que conocía la historia a pies juntillas. Al parecer era una malagueña que también escribió un libro sobre el exilio y había oído hablar bastante sobre este tema en su Málaga natal.

Navegar por Internet y dar con una publicación taurina en donde mi padre toreaba de pequeño a un perrito no sé si es fruto de la casualidad o de la magia de la Red, pero que el poseedor de dicho artículo, me haya contado que él, “de chico”, desayunaba en la taberna de mi tío abuelo “El Ronquillo de Málaga”, resultó ser de una esas cosas que te ponen el estómago en la garganta.

Recibir un mensaje de una compañera del colegio de primaria, que ahora vive fuera de España y, contarme cómo, por casualidad, conoce a una exiliada octogenaria de la Guerra Civil ya es el summum. Esta mujer está vinculada a los “niños de la guerra”, a través de un primo político. Su prima, casada en Moscú con uno de esos “ya-no-tan-niños” en el año 47, harto de suplicar destino junto a su mujer (que sí consiguió salir de Rusia por tener familia en México), y ahogado en una depresión, acaba por suicidarse de una manera lenta y desagradable. Mi amiga me lo relata por WhatsApp, y yo me doy cuenta de la gran extensión del drama que trató de contar mi padre. «Esta es una de esas cosas que si las hubiese sabido él, habría hecho hincapié», pensé. Fueron muchas las personas de las que hablaba en sus memorias, sin embargo no mencionó nada sobre este hombre. La sorpresa me la llevé un par de meses más tarde, cuando tras mi viaje a Kazajistán, a la inauguración del Monolito en memoria de los presos españoles encerrados en los Gulags de Karagandá, fotografié un documento que pendía en un panel del Museo Dolinka. En él se habla de mi padre, de su vida, de cómo llegó a Rusia y cómo empezó a cantar, pero también de las cartas que posteriormente la KGB (NKVD por aquel entonces) requisó. Aquellas cartas, todo un manifiesto anticomunista, acusaba a los responsables del PCE de las desgracias de los “niños de la guerra” y otros muchos republicanos españoles; la situación precaria en al que vivían y cómo muchas de sus compañeras acababan prostituyéndose para poder alimentar a sus propios hijos: “Algunos de ellos, no pudiendo soportar la persecución, acabaron suicidándose. Uno fue el trabajador de la fábrica de aviones, Florentino Meana”.

Me quedé estupefacta: en tan solo dos meses, el nombre de Florentino Meana parecía resurgir de su envenenada tumba, reclamando justicia. Tuve la sensación de que Florentino había estado guardando pacientemente su turno y ahora le tocaba a él reclamar que todo el mundo supiera cómo y en qué circunstancias había muerto, pero sobre todo el porqué. Desde entonces, en más de una ocasión me he visto repitiendo una frase que parece sacada de algún libro de ciencia paranormal, y es que parece que “los muertos piden justicia”.  Así es como ahora se le da voz a Florentino, a su injusta vida y a quien, sin duda, hay que hacerle un hueco en la Historia. Y ahora me diréis… ¡Vaya, qué casualidad!

También hace ya un tiempo que escribí sobre mi charla con el hijo del Doctor Fuster. Julián Fuster, encerrado en el Gulag tras una intachable carrera en el bando republicano y quien, siendo tan crítico como lo fue mi padre, fue detenido por ser amigo de él, y posteriormente acusado por sus manifestaciones antisoviéticas. Hay que ser muy grande para contestarle al agente de la KGB en el primer interrogatorio: “Estoy aquí porque tenía ganas de caer en sus manos para decirles que son todos unos hijos de puta y unos cabrones”. Enorme, Doctor Fuster.

Y acabo contando que hace dos días estuve charlando por Skype con la nieta de uno de los diplomáticos argentinos que intentaron sacar a mi padre de la URSS. Me encontró casualmente, al buscar información sobre su abuelo. Ella se crio escuchando estas historias de la boca de su abuela. Al parecer él murió muy joven, totalmente convencido de que tanto mi padre como su compañero de “baúl”, Tuñón, fueron fusilados en cuanto los detuvieron. Es una pena que no supiera que mis padres llegaron a Madrid un año después de su fallecimiento y que Tuñón consiguió llegar a México.

Ahora ella se ha anclado a esta red que vamos tejiendo unos con otros. Esta malla que antes nos unía invisiblemente y que con el paso del tiempo va tornándose más palpable. Entre muertos y vivos vamos consiguiendo que, poco a poco, se haga justicia y se sepa todo aquello que ellos no terminaron de contar. ¿Será por casualidad o causalidad?

14 comentarios:

  1. Qué ausencia más bien empleada, Ana. Qué orgulloso estaría tu padre.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Chema. En breve te mando un mail y te cuento. Un beso.

      Eliminar
  2. Comparto el pensamiento de Macondo. Investigación en profundidad y llena casualidades. Definitivamente tu padre estaría muy orgulloso.
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ey Jess! Qué tal vas? Espero que haciéndote a tu nueva vida!
      Ya ves que me da por alucinar con tanta casualidad...Un beso!

      Eliminar
  3. Yo no creo en la casualidad. Creo que todo tiene desencadenantes que, una vez los activas, te hacen llegar nuevas informaciones relacionadas con aquello en lo que trabajas.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues eso, una causa, causalidad... Eso y que parece que se han alineado los planetas (¿o los fantasmas?)

      Un abrazo!

      Eliminar
  4. Querida Ana, yo creo que cuando algo nos interesa mucho, la necesidad de saber provoca que encontremos CASUALIDADES que producen CAUSA y "Efecto". Alrededor nuestro siempre existen “pistas,” pero solo las vemos cuando dejamos de estar distraídos y comenzamos a interesarnos en conocerlas y es entonces que le prestamos atención al universo que existe alrededor de esa necesidad.
    Que vos y yo seamos contemporáneas es una CASUALIDAD, pues yo soy nieta y vos sos hija, pero esto CAUSA que nuestros intereses coincidan en el mismo instante. Es raro, pero probablemente este sea el momento exacto para se produzca el “Efecto” de aquello que quisieron revelar tu papá y mi abuelo hace 65 años atrás.
    Un placer conocerte....

    ResponderEliminar
  5. Siempre se ha dicho que el tiempo es el que tiene la última palabra. Tú mi querida Toc, pulsaste el botón de la casualidad para desembocar en el una causalidad. Hiciste un trabajo ejemplar. Papá Cepeda está muy orgulloso de ti. Para mí sigue vivo porque tú te encargas de ello.

    Un abrazo muy apretaoooo, con todo mi cariño y eso

    ResponderEliminar
  6. La vida son un sinfín de casualidades, pero estas hay que buscarlas ya que si no ya puedes esperar sentado. El merito es el merito y eso no se puede quitar por mucha casualidad que exista. Un abrazo compañera.

    ResponderEliminar
  7. Tú ya sabes yo soy de las que creen que las casualidades no existen, sí las causalidades y tú has currado mucho para que todo pase, de lo que me alegro un montón. Besazos enormes

    ResponderEliminar
  8. Ana, precioso relato. Estoy segura de que tu padre está leyendo todo esto desde algún sitio. Nunca lo sabremos hasta que no traspasemos el portal. Yo creo que las casualidades no existen. Como dice Alicia Mabel, el universo nos da pistas constantemente pero estamos distraídos y no prestamos atención más que a lo que queremos prestar atención, al final todo se confabula y nos vamos encontrando con hechos y situaciones que nos ponen los pelos de punta, pero sin tu gran esfuerzo y la pasión que has puesto en descubrir profundamente toda la historia de la padre, nada de esto habría sucedido, así que el mérito es tuyo, por lo cual yo me alegro muchísimo. Un besazo enorme y saborea todo lo que está pasándote, ya has dejado un gran legado para todos los tuyos

    ResponderEliminar
  9. A mí me encanta haber seguido esto desde cerca y haber tenido (y tener) el privilegio de compartirlo contigo. Sigue así, sabes que en mundiblog estamos muy orgullosos de ti. Biquiños!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. joer chaval, que bien habláis copón!! apoyo incondicional de mundiblog!! enhorabuena por todo lo que estás viviendo anica!!

      Eliminar
  10. Gracias a todos por vuestros comentarios. Ando más liada que el moño de una gitana y me ha sido imposible contestar uno por uno. De momento, sigo con la historia...

    ResponderEliminar