Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

viernes, 30 de octubre de 2015

La droga, el mono y yo.



Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí, y mis últimas entradas han sido para compartir mis subidones y reflexiones sobre todo lo que ha acontecido tras la publicación de mi libro. Fijaos si ha pasado tiempo que, de pronto, he entrado aquí y me ha rechinado la foto que había colocada como fondo. Debe ser que me hago mayor o que estoy ciber-madurando, pues eso de tener un sitio blanco, impoluto, como los profesionales, no era lo mío, por mucho que mi chico se empeñara en hacérmelo ver. Al final he sucumbido.

El caso es que, desde aquel 12 de junio de 2014, fecha de salida al mercado de mi primer libro, han pasado muchas cosas, muchas anécdotas, emociones y risas, lágrimas de alegría y tristeza; viajes allende la estepa kazaja, un par de documentales, programas de radio, presentaciones en la Feria del Libro y un sinfín de reencuentros con amigos que no veía desde hacía más de 30 años. Hay que ser justos y decir que no todo ha sido por "Harina", sino que han coincidido varios eventos. Así que no he dejado de generar adrenalina durante muchos, muchos meses. Eso, para el espíritu, es una droga. Y tal es la euforia que se genera que cuando un día llego a casa y el teléfono deja de sonar parece que la única que sigue mareada, tras bajarse de la noria en la que llevaba montada año y pico, soy yo. Es cuando me he dado cuenta de que tenía auténtico y genuino síndrome de abstinencia.

Y para combatirlo, nada mejor que seguir activa, ya que después de haber experimentado una etapa de sobredosis de felicidad, el bajón al ver que la vida parece un lodo que atrapa el tiempo y circula lento, es de órdago. Durante todos estos meses, entre el trabajo, las presentaciones, viajes y charlas, llamadas y reencuentros, había espacios de silencio que en principio eran minutos, después fueron horas, para pasar a ser días, en los que apenas había movimientos que acelerasen mi ritmo cardíaco. La sangre deceleraba y parecía pedir velocidad. Es lo que tiene “el mono”, que una vez que dopas al cuerpo es complicado volverlo a asentar. Así que puse en marcha una historia que tenía macerando en un baúl. Parecía que pedía paso para recomponerse entera, reorganizando de nuevo a los personajes, los diálogos y la narración.

Aquello que publiqué por capítulos en Subconsciencias, y que empezó siendo un experimento social, por fin ha visto la luz. Y cuando digo que ha visto la luz, me refiero a que, tras haberlo escrito, repasado, arreglado, revisado, maquetado y convertido a formato digital, por fin ha conseguido que sus protagonistas tengan voz e imagen en el la mente del lector.

Lo malo es que ahora me enfrento a un síndrome de abstinencia doble, ya que desde que salió publicado "Diario de una secuestrada" me estoy acostumbrando muy rápido a escuchar ese “no puedo dejar de leer” que tanto me "coloca". Y ahora, a ver quién se vuelve a bajar de este tío vivo...

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