Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

viernes, 16 de diciembre de 2016

De cómo pasar del glamour a venir de la guerra (en una tarde).




El otro día me invitaron a un evento de esos que solo falta la Preisler con el camarero detrás, ofreciendo canapés en una bandeja. Era la típica gala con suelo de mármol e invitados uniformados de medallas y galones, que les destacan de entre los demás mortales. También había algún que otro turbante y mucho vestido regional de un país lejano, muy lejano, que visité hace un par de años. El caso es que esta era la segunda ocasión que asistía a dicha fiesta, así que con lo que voy a relatar aquí dejo constancia de que no tengo perdón, y que soy bastante más retromonguer de lo que yo pensaba.

Salir de trabajar a las 17:00 y personarse en pleno centro de Madrid a las 19:30, pasando por la ducha, el lavado de cabeza, la vestimenta, el maquillaje, el peinado, las medias rotas, cambiarlas por otras, ponerse los tacones, no olvidarse el foulard, la chaquetilla, el mini bolso, el mini monedero, el mini paraguas (porque el tío Murphy quiere poner su granito de arena, cómo no...), el abrigo y aparcar lo más cerca posible de la boca del Metro para poder llegar a tiempo, debería considerarse deporte de riesgo. Podría haber elegido la “opción princesita”, que era aceptar la propuesta de mi chico: «Si quieres, te llevo y te recojo luego, en coche», pero no, yo, que soy orgullosa y antes-muerta-que-dependiente, le contesto que no, que como es línea directa y no voy a caminar apenas, dejo el coche en el Metro y voy hasta allí a pie.

Y como no voy a andar casi, elijo ponerme esos tacones que el año pasado ya amenazaron con un principio de gangrena, pero como soy muy lista para algunas cosas y enajenada mental para otras, no me llevo otro calzado porque voy a ir cargada de “mini cosas”. Así que, después de aparcar a unos 200 metros de la boca del Metro, mis pies comienzan a preguntarse entre ellos (que la dueña soy yo y puedo escucharlos) si aquello de no llevarse otro calzado iba en serio o no.

Llego al Metro, saco un billete en la máquina expendedora con mucho cuidado porque intento no tirar el mini monedero que está dentro del mini bolso con una moneda que se ajuste a lo que marca la pantalla, y por supuesto, sin perder el equilibrio. Me siento, ya dentro del vagón, sujetando también el mini paraguas y el móvil empieza vibrar para avisarme de que mi acompañante va igual de retrasado que yo. Saco el móvil con cuidado para que los auriculares del Ipod no salgan despedidos y mientras contesto al mensaje uno de los flecos del foulard se me engancha con una varilla del paraguas. Sudo. Resoplo. Vuelvo a guardar el móvil con el mismo cuidado y me pongo los auriculares mientras llego a mi parada. Y es entonces cuando empieza el caos: toda la vida viviendo en Madrid para no saber que la estación de Núñez de Balboa tiene trampa. Cuando llego a la salida pertinente, me doy de bruces con otro andén de otra línea. «¿Perdón? ¿Qué pasillo me he saltado que he acabado aquí?». Y desandando lo ya andado, con mis pies comenzando una asamblea, vuelvo al punto de partida, ahora ya con prisa.

—Perdona –le pregunto a una chica—, ¿por dónde se sale («que aunque parezca que soy de Madrizzz he sido abducida por el espíritu de Paco Martínez Soria»)?
—Es que tienes que atravesar todo el andén. Las salidas en esta estación están fatal y hay que recorrerse todo el andén entero.
—(«¿Recorrerlos? ¡No me jodas fastidies! ¡Que yo no pensaba andar!») Gracias –le digo, veloz, y me pongo al lío.

Cuando por fin salgo a respirar el aire urbano impregnado de lluvia, me quedo mirando a mi alrededor, y veo que, efectivamente, estoy a tomar por culo relativamente lejos de mi destino, concretamente veo el culo de la estatua del Marqués de Salamanca, y que con el mini bolso, el mango del paraguas que se me sale cada dos por tres, el mini paraguas, el foulard y sus putos graciosos flecos enganchándose en todo lo que encuentran a su paso, el móvil vibrando y los tacones martirizando mis pies, aquello se convierte en la Odisea en el espacio, o lo que es lo mismo, la distancia pasa a medirse en años luz.

Llego a mi destino con la banda sonora de Carros de Fuego en el subconsciente, dejo el abrigo en el ropero, el paraguas con el mango bailando y la chaquetilla, sudando casi como si hubiese hecho una buena maratón, e intento hacer oídos sordos a la manifa  protesta que tengo montada en las extremidades inferiores. Saludo, presentaciones, dos besos, risas, carcajadas, el himno español, el kazajo, discursos varios, aplausos, más aplausos, canciones, bailes regionales. —Por favor, ponme un Ribera que me anestesie bien los pies, a ver si se callan —, le pido al camarero. Y de pronto, no sé cómo, siento un brazo empapado. Un invitado me tira una copa de vino sin querer, mojándome la manga entera y manchándome el  cabrón del preciosísimo foulard. Me piden perdón, perdono. Me limpio, me cago en su padre por lo bajini, hacemos fotos, charlamos, vuelvo a oír a mis pies amotinándose, y deciden entre ellos hacer un complot y matarme lentamente, como cantaba Roberta Flack con aquello del Killing me softly

Pasa el evento, nos dan las diez y me despido para no tener que amputarme las extremidades de tobillo para abajo. O eso, o me traen una silla de ruedas. Recojo el abrigo, la chaquetilla, y el mini paraguas con su mini pomo salido. Y para no irme sin un gran recuerdo del evento, recojo unas láminas de pinturas kazajas monísimas, tamaño A3, y un folleto explicativo de la Expo del año que viene con un DVD, que va de lujo para volver sujetándolo con los dientes, si eso.

¡Y ahora la vuelta a casa! Toca subir «¿andando?» de nuevo al Metro. Quise descalzarme, hacer la guiri borracha, pero el mojado y frío pavimento madrileño me quitó la idea de la cabeza. Y que una es tonta, pero no gilipollas tanto.

Para cuando quise sentarme cargada con el paraguas, el mango salido, las láminas de arte, el mini bolso, el DVD que se cae y sale rodando por el vagón, el foulard manchado de vino con los flecos enredados, la peste a vinazo en todo el vestido y la tira de velcro que cierra el paraguas bien adosada a mis medias, hacerme un tomate en todo el muslo era lo que menos me importaba. Por fin pude liberar a mis pies de sus dos celdas de castigo. Ríete tú de Guantánamo.

Pero la coña del día no había acabado todavía: aún tenía que llegar al coche, caerme la del pulpo y ver que es noche cerrada, las calles vacías, un par de chavales haciéndose un porro bajo un soportal, que se asustan al verme tropezar, el viento y la lluvia azotándome la cara y, de una esquina que salen dos tíos con una pareja de pitbulls que dan de todo menos buen rollo. Siento de nuevo el móvil  ̶ que cuánto me queda ̶ , y yo protegiendo las láminas para que no se empaparan, y los pies, mis pies machacados, mutilándome viva…, y la frase del susodicho rondándome por la cabeza: «¿Seguro que no quieres que vaya a buscarte?».

Así que, cuando por fin llegué a casa, solo me falta escuchar la frasecita de turno, que no era, ni más ni menos, la dura y cruel realidad:


—Hija mía, desde luego, parece que vienes de la guerra.



15 comentarios:

  1. Si lo que querías era trasladarnos tus agobios, bien que lo has conseguido. Y mira que el chico se ofreció a llevarte. Cómo eres.
    Besos.

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  2. Jajaja, nadie como tú para escenificar así y hacer que una se parta la caja... Vale ya me Callo... :-)
    No, si ya me iba jajaja

    Besazos, Toc
    Muacksssssssss

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    1. Bueno, mira, al menos me ha dado para una entrada...

      Besazooooo!

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  3. Jajajaja, qué odisea!!! Hay que ir preparada a estas cosas y dejar la independencia a un lado porque estás fiestas de glamour siempre pasan su factura, sobre todo a los propios pies. Eso me ha recordado que yo esta noche tengo una, así que me llevaré un par de medias de repuesto y zapatos bajitos para la vuelta y seguro que iré mejor. Espero que hayas podido descansar :-)

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    1. pues espero que hayas sido más lista que yo!

      Besitos!

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  4. Maravilloso!!!! Me lo he pasado genial, me encanta como escribes (¿y porque no te veo mas a todo esto?) Bueno verte te he visto claramente... No sé a quien me recuerdas.... Besos desde mi infierno

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    1. Jaja, pues porque llevaba una temporada en "barbecho" con mi novela. Pero bueno, ya vuelvo.

      Besazo!

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  5. Pero has aprendido la lección o no?? A veces hay que dejarse cuidar... que luego te arrepientes y la sensación de tonta es casi la peor de tus penurias...
    Besos!

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    1. Lo juro, el año que viene o voy con zapatillas o me dejo llevar...

      :-)

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  6. Me he visto retratada, palabrita. Una y no más. Desde entonces, bolso grande con calzado supletorio y minibolso en el interior que se queda en el guardaropa, una vez hay sacado los mini bártulos.
    Y si hay chófer, mejor. Y si no lo hay, se busca.
    Un abrazo!

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  7. jajajajajjaajjajajajajaj... me encantas!!!!!!!!!!!

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  8. dicho esto..
    yo salvo a bodas, y ojo cuidaddo.. voy de plano todooooo el día..

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    1. Yo lo paso peor luego con zapato plano porque no duelen los pies sino la espalda... Pero de esta aprendí.

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