Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

martes, 8 de mayo de 2018

De cómo perder el glamour a perder la dignidad (y seguimos).

Hace un tiempo, os relaté en esta entrada, las penurias que pasé al ir a una fiesta de alto standing y el estado lamentable en el que volví. No, no especuléis demasiado, que no tiene nada que ver con la ingesta masiva de alcohol. Pues bien, parece que segundas partes también son buenas, y he de ahí que la anécdota sea para clamar al cielo (nunca mejor dicho). Es que parece mentira que no aprenda o puede ser que haya perdido práctica, aunque creo esta vez  han sido los dioses —o los planetas— los que han confabulado contra mí.

El tema viene a colación de otro evento de similares circunstancias al de la entrada que ya he citado, solo que ahora en lunes. Así, para empezar bien la semana. El caso es que me organizo y pienso: «a ver, ya que el sarao es a las 19:00 y voy con la hora muy justa, si salgo del trabajo ya arreglada, maquillada y vestida, intento apacar en la calle a golpe de ORA. Y si veo que la cosa se complica lo meto en un parking». Afortunadamente no hizo falta. Conseguí aparcar a la primera. Yo, toda orgullosa de mi hazaña, que para algo está la zona SER y hay que hacer uso de ella. Así, me doy margen para aparcar las dos horitas en zona azul, justo el tiempo que necesitaba.

Lozalizo el parquímetro de turno y veo a un hombre desesperado y mascullando algo relativo a los familiares de la alcaldesa. Tenía serios problemas a ritmo de "pi, pi, pi, pi" que no entendí por qué. Lo hice después, cuando me tocó enfrentarme a la misma situación: marco la matrícula, la confirmo y, cuando voy a poner el tiempo estimado, entiendo a santo de qué bufaba el pobre. Resulta que estábamos ante el... ¡¡¡¡PARQUÍMETRO CACHONNNDO!!! y es que, al presionar el botón de + (más minutos), el susodicho invento del diablo cogía carrerilla y acababa pasando hasta las 9 y pico de la mañana del día siguiente. ¡Buf! Me doy cuenta y retrocedo con el símbolo - y veo que la numeración digital va hacia atrás minuto a minuto. Con-dos-o-jo-nes (léase a velocidad de gusano ajeno a la gravedad terrestre).

Sigo pulsando el botoncito que retrocede los minutos cuando veo que detrás de mí se empieza a formar una cola de órdago. Un franchute habla a voz en grito por el móvil, atronándome el tímpano (creo que me estaba poniendo de los nervios adrede, y desde luego que lo consiguió). Detrás de él un tío me dice que si no sería mejor que anulara y volviera a empezar. Le digo que total ya me queda retroceder desde las 21:30 hasta las 21:00, y ahí voy yo pulsando el botón - para atrás "pi, pi, pi, pi, pi..." hasta que levanto el dedo y veo que el cronómetro sigue descontando el tiempo. ¡Nooooo! Ahora le doy hacia adelante con el +  y es cuando la máquina decide que la "operación está aceptada" a las 20:15. Cuarenta y cinco minutos antes de lo que yo quería. Sudo, resoplo, la gente se empieza a impacientar y me doy cuenta de que si cancelo y vuelvo a empezar me van a linchar. Saco el papel y me arriesgo a ponerlo 45 minutos "a pelo", con el run-run de «no sé yo si me voy a librar de la multa». Era riesgo de multa o linchamiento.  Elijo riesgo. El parquímetro me marca que debo abonar 1,35€ y yo sin monedas. Tengo un billete de 5 y otro de 20. Esta vez me acuerdo de todos los ancestros de los ingenieros que diseñaron las máquinas y después tiro de tarjeta de crédito.

Una vez que transcurre todo y doy por concluido el evento, me dispongo a volver al coche con el pálpito de que algún sancionador se habrá cebado conmigo, pues me había pasado el tiempo reglamentario y hacía buena tarde para ir paseando y multando. Me despido y cuando salgo por la puerta, veo un relámpago en el cielo que reiros vosotros del que electrocutó a Frankenstein antes de revivirle. En cuestión de unos segundos comienza a llover, fuerte, muy fuerte. Lluvia templada, pero lluvia a cascoporro. Me pongo a correr (aprendí la lección de no ir con súper tacones) y llego hasta el coche. Efectivamente, la multa estaba ahí, muy bien puesta ella, convirtiéndose en un amasijo de tinta mojada sujeta por el limpia parabrisas. La cojo, maldigo y veo que puedo anularla antes de las 21.16. Tengo 20 minutos... y aquí empieza la odisea:

Bajo un árbol que cobijaba el parquímetro, tecleo el procedimiento para anular la multa mientras noto que me empieza a caer encima una de apocalípsis náutico. Frente a la máquina, una tienda con un toldo en el que me resguardo intermitentemente y voy leyendo las instrucciones a un metro de distancia. «Compruebe el número de matrícula». Salgo, me vuelvo a mojar y le doy al botón verde para aceptar. Retrocedo al toldo de nuevo. «Un momento por favor». Sale la rueda indicativa de que "está pensando". Así pasa un minuto y pico con la p... ruedecita-de-los-cujons dando vueltas y la pantalla se apaga. Salgo de mi refugio toldil, me vuelvo a mojar y le doy al botón verde de nuevo. Retrocedo otra vez en espera del siguiente mensaje con la tarjeta de crédito en la mano. «Compruebe el número de mátricula...» ¡Dios mío! ¡Estoy en un bucle! Insisto con la puta matrícula mientras los familiares y descendientes de todos los funcionarios del Ayuntamiento notan un pitido en los oídos. Sus hijos, sus nietos y sus posibles tataranietos que no han llegado ni a nacer. Y mientras me voy calando. Por fin, tras cuatro o cinco veces que tengo que poner la mátricula sale el mensaje de: «Confirme método de pago». ¡Menos mal! «1) Efectivo 2) Tarjeta de Crédito 3) Tarjeta prepago» Pienso: ¿efectivo? ¡Mis cojones! Que no tenéis forma de hacer parquímetros para que acepten BILLETES! Pulso el número 2, tarjeta de crédito. «Introduzca tarjeta de crédito». Me vuelvo a mojar. Se moja la tarjeta, la seco, la vuelvo a meter, la lee, se queda pensando, sale la rueda, me sigo mojando, caen copones como hostias benditas, como tortas de anís, como platillos volantes... y vuelvo a meterme bajo el toldo, y cuando finalmente parece que va a proceder me sale el mensaje de «tarjeta no válida».

¡¡¡¡¡¡¡¡HIJOS DE @#¬*!!!!

Tras repetir esta secuencia 4 veces más, incluso cambiando la tarjeta,empiezo a plantearme llamar al número 900 que hay por si tienes problemas y soltar a la bestia que llevo dentro. En esto que pasa una vecina de la zona y le pregunto, desesperada, si sabe dónde hay otro parquímetro al ritmo del chof-chof de la lluvia que cae en mi pelo. La pobre tampoco lleva paraguas y me dice, súper amable, que está en la siguiente esquina. Me pregunta qué me pasa. Se lo cuento, despotrico contra el sistema —y el Sistema— y me acompaña porque le pilla de camino. Repito nuevamente la operación en otro parquímetro y me vuelve a pasar exactamente lo mismo mientras noto cómo las ¡putas Cataratas Victoria me caen encima! Veo que las 21:16 están cada vez más cerca y con el tictac del reloj y el toctoc de la lluvia me cago en todo lo cagable de este mundo y parte del que no conocemos.

Finalmente me dice la mujer con gran criterio:
—¿Por qué no pagas en efectivo?
— Porque no tengo monedas, pero espera... ¿no tendrás tú cambio de 5 euros?
— Uy pues voy a ver... ¡Ah pues mira, sí!

Rescato el monedero (empapado) y le doy un billete húmedo para recibir las 5 monedas que ni las de  Judas Escariote valían tanto. Comienzo por enésima vez el temay por fin ...¡voilá! entran los PUTOS 4 EUROS DE MIERDA (frente a los 30 de multa y las risas de los mamones del Ayuntamiento).

Me despido dando las gracias, abro el coche calada y me miro en el espejo mientras me chorrea el pelo a litros. Veo el reflejo de una mujer que no ha perdido ya el glamur sino alguien parecido a mí que no tiene ni dignidad.

Ea, ya podéis empezar a cachondearos.




13 comentarios:

  1. Me contengo... me contengo... me contengo... no puedo más!! JAJAJAJAJA, en serio, no me lo puedo creer. Una odisea bajo la lluvia... siempre ganan las máquinas hasta que llega mi Toc... y no digo si va chorreando... ni el HISPANO.

    Un achuchón que te arrope y te seque toa ♥

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    1. Gracias,Toc...No sabes lo que me reconforta que me compares con Máximo, y que me pases la toalla para secarme. Jajaja.. Un beso!

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  2. Lo de poner foto te ha quedado muy profesional. O eres muy buena actriz o realmente estabas de muy mala leche. Creo que voy a por una tila, porque has conseguido estresarme.
    Besos.

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    1. Si fuera buena actriz, te puedo asegurar que hubiese tenido una limusina a mi disposición y no me habría mojado. La mala hostia era de órdago. Si tengo a algún ingeniero o funcionario del ayuntamiento delante no hubiese tenido calle pa' correr...
      Espero que el estrés se te haya pasado pronto. Un beso, Chema.

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  3. Descargate la aplicación Parking y haces todo eso desde dentro del coche ,seca,caliente y sin dinero físico.
    Funciona perfectamente incluso para anular las multas.
    Fuiste a la fiesta con esas pintas y ese "humor"?

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    1. Nooooo, con esas pintas nooooooooooo, que eso fue despuééééssss... El humor ya sabes que me lo gasto del 15 pero luego me da para escribir estas cositas, así con mucha acidez corrosiva de la mía.

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  4. Gensanta, qué paciencia tienes!!
    Yo había abortado misión en el minuto dos.

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    1. Abortar? Abortar es lo que le habría hecho al funcionario de turno, pero desde antes de ser concebido! Paciencia no, tenacidad, ya sabes!

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  5. Las p... máquinas tienen vida propia y saben cuándo fastidian más.

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