Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

viernes, 17 de mayo de 2013

Bilingüismo ¿total?



Como muchos de vosotros sabéis, me muevo a diario en un entorno medio anglosajón. Cuando digo "medio", lo digo con todo el sentido: significa que muchas de las costumbres y palabras que se usan aquí van en inglés y otras son rotundamente españolas. 
 
El Spanglish es fácil de escuchar en los chavales que, como son ibéricos en un 80%, mezclan ambos idiomas, pues les imparten casi todas las clases en inglés. De ahí que oigas sentencias como "tengo un free en el siguiente period" (tengo libre a la siguiente hora) o "me he dejado la blazer en el locker" (me he dejado la chaqueta en la taquilla). Lo mejor es cuando un profesor les regaña y sueltan un "es que míster, no lo he hecho because...".  Sí, lo cierto es que si pasara por aquí la reina de Inglaterra se le iban a poner los pelos como a cualquiera de sus compatriotas cuando innovaron con el género punk.

Pero lo asombroso del tema no es eso sino que el personal recién llegado de las islas, sin apenas poder decir cuatro palabras, se sumen al vocabulario particular de este curioso lugar que me da de comer todos los días. Aquí el personal tiene determinadas palabras que son rotundamente españolas y han sido adoptadas en el vocabulario profesional y cotidiano. Tenemos por ejemplo frases habituales como: Did you recieve the "nómina"? (¡ole ahí, con dos cojones! Y os preguntaréis, pero ¿por qué? Pues porque la palabra "nómina" va en "conceto" ejjjpañol, o sea, una mierda-pincha-en-un-palo, digo yo). 

Lo mismo les pasa a la hora de tomar un piscolabis a eso de las 5.  ¿Nosotros qué hacemos? Merendamos, ¿no? Pues como ellos no tienen palabra que indique más que es la hora del té ("tea time") y no es precisamente lo que se meten entre pecho y espalda en este lado del imperio -porque donde esté el jamón y la birra a las cinco de la tarde que se quiten todas las infusiones habidas y por haber- ellos proponen: "go to the dinning room for a MERIENDA" (ir al comedor pa' picar algo, que es lo que diríamos nosotros más claramente).

Y yo que de toda la vida había pensado que en el recreo los chavales van al "playground", aquí no. Aquí hay que "to look after the children in the Patio" (vigilar a los chavales en el patio). Patio está en la misma bolsa que nómina y merienda. Why? Pues porque conducen por la izquierda, no se ajustan al Euro y miden en millas...

No digo más si hablamos del alterne, que ya sabemos que aquí los sajones son bastante dados al "alpiste", así que si alguno invita a su cumpleaños, congregándote a algún bar (y te lo mandan incluso por correo, ojo, ¡que lo escriben y todo!) te invitan gentilmente a tomar "some COPAS" (no son drinks, no, copas, sí, como la Sota de ídem) hasta late at night (traduzco: cualquier excusa es válida para cogerte una buena cogorza y llegar a tu casa mamado a las mil y monas de la noche).
 
Supongo que me dejo varias things, pues el bilingüismo que we have, es una especie de esperanto que se ha creado entre los unos y los others y que por mucho que nos empeñemos en hablar well, no hay way to hacerlo en conditions. Pero lo que es imperdonable, es que a estas alturas de siglo, les regalemos un vocabulario preciso, depurado y concreto como para que en años de convivencia sigan pidiendo una PAELA.

Por ahí sí que no paso, ¡NO WAY!

lunes, 13 de mayo de 2013

María se despertó



 (Recupero otra entrada de los inicios de este blog). 

María se despertó intuyendo su cara en el espejo. La falta de luz deformaba su silueta reflejada en el cristal, tornándose en forma de espectro. Cerró los ojos de nuevo. Su cerebro había comenzado a funcionar hacía ya un rato al escuchar los ruidos de los vecinos, sin embargo, el resto del cuerpo permaneció relajado en un estado de sedación natural.

Cambió de postura y se concentró para volver a retomar el sueño que había tenido hasta hacía unos instantes, pero no hubo manera de volver a hilarlo y continuar la historia. Lástima. Había sido un sueño bonito y emotivo: él la observaba sonriente, casi con los brazos abiertos y luego su imagen se fue diluyendo absorbiéndose dentro de una especie de agujero negro que se albergaba en algún lugar del subconsciente.

Se estiró dentro de las sábanas dando por concluido el descanso. Su ciclo vital era lento por las mañanas y necesitaba tiempo para desperezarse del todo. Abrió la ventana y sacó la cabeza para hacerse una idea de la temperatura. Era fin de semana y el día prometía calor, ya llegaba el verano.

Se hizo un café, después se sentó a saborearlo con gran lentitud para dejarse invadir nuevamente por los recuerdos de aquella presencia que le había acompañado durante gran parte de la noche. En el fondo no quería desprenderse de la quimera que había emanado de su mente sin motivo alguno: La cara de Juan seguía observándola desde algún recóndito lugar de su cerebro y repetía sin cesar en aquel sueño que por fin la había vuelto encontrar. Se sorprendió al percibir un ligero y tenue aroma que le recordó incluso a su perfume. Desde luego, el hipocampo estaba trabajando duro. Los recuerdos brotaban vivos, enérgicos, habiéndolos juzgados como olvidados o abandonados en un rincón de su mente. No entendía a qué venía ahora, después de 25 años, recordar a Juan. Ni siquiera tenía la certeza de si seguía vivo en algún lugar del planeta. Le había perdido la pista totalmente y nada le hubiera gustado más que volver a saber de él. Fue su gran amor platónico.

Volvió a la realidad y a falta de periódico que la distrajese, miró a su marido que contemplaba como siempre la televisión matutina del fin de semana. Pensó entonces que para ser un hombre joven, estaba más cerca de ser un cincuentón que de la treintena. Su oronda figura y su calvicie ya no eran incipientes, eran datos descriptivos y su forma de vestir se había convertido en aburridamente clásica. Es lo que le habían enseñado en su casa. Lo había aprendido y lo repetía sin ser consciente. En el fondo, no era culpa suya. ¿O sí? Continuó contemplándolo y de pronto, al distorsionar la vista, le pareció ver a su suegro en vez de a su pareja durante un ligero instante. Sintió entonces un escalofrío y de pronto, vio cómo se alejaba de aquella habitación, arrastrada por una fuerza ajena, como si realmente no estuviese allí, flotando. Apoyó entonces la taza en la mesa, pues el vértigo se iba apoderando de ella y finalmente, se recostó contra el respaldo de la silla para evitar caerse. Atónita, inspiró aire para poder empujar el nudo que se había ubicado en su estómago, pero fue en vano, fue mucho peor. Seguía atrapada en aquel pseudoviaje astral cuando el salón se llenó de un gran bloque de hielo, tal que un muro transparente posicionándose entre él y ella. 

Sintió angustia y cierto escozor en el pecho. Terminó su café ya sin ganas y luchando contra los elementos recién paridos de su cerebro se sentó junto a él, esforzándose  por concentrarse en la televisión pero su imaginación juguetona hacía semejanzas entre el presentador del programa y Juan: Ambos tenían los ojos del mismo azul. Eran 'transparentemente' azules. De esos que te dejan huella por el cuerpo cuando te analizan.

Aterrizó de nuevo, empeñándose en seguir sentada junto al marido y pensó de repente que ese que estaba a su lado no era ya el mismo del que se había enamorado. Aquel le pareció un extraño repentinamente. Se hurgó la mente para tratar de recordar cuándo fue la última vez que había sentido cierta complicidad con él: No se acordaba y la distancia se hizo aún más grande cuanto más le miraba. Entonces percibió su esencia que se le antojó extraña: el pijama sudado de la noche transcurrida y su aliento. Le disgustó hasta la colonia fijada el día anterior que se mezclaba entre todas aquellas fragancias. Nunca antes se había sentido incómoda tan cerca de él pero se esforzó por continuar allí intentando atrapar el ancla de sus sentimientos que le ataba a él. Fue inútil.

No supo qué es lo que había cambiado pero sí fue consciente de que parte de ella misma, disfrazada de Juan, se había liberado tras un prolongado letargo, desde lo más hondo de su núcleo. Era su propia esencia que mantuvo enterrada en alguna oscura mazmorra, proscrita y libre, posicionándose altiva, encarándose a sí misma.

Aquel instante que hoy relato, fue el principio de un gran final, el inicio de otra vida, el origen de ella misma, ese que durante tanto tiempo se había mantenido somnolienta, hibernando.

Dos años después, María firmó el divorcio.




....Y así termina el deseo, así termina la pasión, la complicidad......el amor. A otra cosa, mariposa. No se puede quedar uno estancado en lo que nos gustaría que hubiera sido y nunca fue ni será. Por cierto, soy Ana P.L, no he podido poner el comentario de otra manera más que como anónimo. Un beso

Claro, porque no tienes cuenta en gmail o algún blog, pero no importa. Y sí, llevas toda la razón, pero no creas que es estancamiento, sino "repaso", más bien...
Un beso.

Los sentimientos qué tan bien describes, hoy por hoy me resultan muy familiares.
Me siento muy identificado con tu experiencia (aunque soy del sexo opuesto, también tengo mis sentimientos). :)
Gracias Ana!!






viernes, 10 de mayo de 2013

El Primero





(Refloto esta entrada de hace un par de años, que he recuperado y corregido, pues estaba perdida al fondo del blog. Si alguno la recibe duplicado por correo, pido perdón y que sepa que no es una segunda parte. Incluyo también los comentarios anteriores copiados).

La primera vez que lo sintió pensó que era un calambre. Se trataba de un cosquilleo eléctrico que nacía en la boca del estómago y subía hacia la garganta, terminando por diluirse suavemente en los oídos. Era breve e intenso sin apenas dejar resquicio. 

Ella quiso disfrazar aquel momento de adrenalina desbocada sin delatar que todo su cuerpo se deshacía por dentro, pero fue en vano. El lo detectó con tan solo mirarla. Sonrió ladeando la cabeza, triunfante, mientras seguía concentrado en los femeninos labios que se obcecaba en besar. Eran tiernos, jugosos pero sobre todo, inocentes.

Se había encaprichado de la chica sin tener muy claro qué era exactamente lo que más le atraía de ella. Lo único que sabía es que se había propuesto conquistarla con aquel extraño juego de seducción. Quizás fuera más cabezonería que enamoramiento. Era lógico, en cuanto alguna se le resistía, se empeñaba con más insistencia, y ésta parecía ser de las más tercas.

Iba paso a paso, hurtándole besos, cobijándose en un rincón oculto del barrio en el que ambos vivían. Él insistía en llegar más lejos, tenaz, elaborando poco a poco alguna estrategia para terminar de conquistarla, para que se dejara llevar confiada. Pero la chica se comedía intuyendo que aquella pasión momentánea debía controlarla, debatiéndose entre aquel dulce resquicio que habían dejado las mariposas en su adolescente estómago y su sexto sentido que le avisaba insistentemente, manteniéndola con los pies bien anclados al pavimento. 

Esta vez, como muchas otras, volvió a ganar su instinto, que vestía cual guardián alado posándose en su hombro derecho y silbándole al oído cordura y sensatez. Después sabía lo que vendría: se pasaría semanas pegada a su ventana, observando sus movimientos, escuchando sus señales, atenta a sus llamadas, concentrándose en sus rutinas sin gran éxito, buscando excusas para salir a buscarle y dejarse seducir nuevamente una temporada más. El juego podía llegar a ser eterno.

Luego volvería a repetirse lo de siempre: tras una temporada de manoseos, besos,  revolcones y calenturas comenzarían nuevamente los desprecios, los ninguneos y la exhibición continua de otras chicas agarradas de su mano. Era curioso: Todo aquello debía de haber empezado al revés. Ella conoció antes el desamor que su antónimo. Esa historia no podía ser sana. Las reglas se las habían enseñado justo al contrario, al menos, así lo había aprendido en la mayoría de los cuentos. En este caso, Cenicienta no parecía recuperar nunca su zapato de cristal y este príncipe le probaba el calzado a todas y cada una de las damas del reino.

Afortunadamente, la capacidad de recuperación del ser humano se hace más fuerte cuánto más joven eres. Forma parte del aprendizaje, de la salida del cascarón. Tarde o temprano uno sigue adelante su camino, escuchando a ese sexto sentido, el mismo que sigue susurrándote al oído qué camino has de elegir. Así lo decidió: Triste, enfadada, dolida y magullada lo apartó de su entorno a base de un gran esfuerzo: se mostró indiferente en cada cruce de miradas, dejó de buscar su terraza a través de su ventana, de acudir a sus llamadas al oírle silbar. Un día y otro más.

Lo curioso era que cuanto más lo evitaba, más insistía él en perseguirla. Ni contigo, ni sin ti. Ansías lo que no tienes y desprecias lo que crees a buen recaudo. Él siempre fue un caprichoso que quería tener lo que no tenía, siendo, además, el primero en todo: El primero en conducir, en tener coche, después una moto; el que conducía más rápido, el más resultón. No era un tipo guapo, sin embargo tenía cierto aire a Tom Cruise, quizás por los ojos, algo achinados, la nariz ligeramente aguileña y sobre todo por aquel aspecto de chulo engreído que inspiraban películas como Cóctail o Top Gun.

La vida pasaba, y tras una fiesta en la que no paró de insultarla por haberle ignorado, decidió retirarle el saludo, la palabra y la mirada por tiempo indefinido. Todo aquello tenía muy mala pinta. Ya no buscaba besos furtivos, sino sumisión. La química dejó de existir, sólo había imposiciones. Lo mejor era cortar por lo sano, como si nunca se hubieran conocido. Ya no era un juego de críos adolescentes sino una relación tormentosa en la que, por supuesto, ella no estaba dispuesta a participar.

Y finalmente sirvió. El se fue alejando poco a poco; ella fue encontrando su camino y sin más, se fueron olvidando el uno del otro.

Tres décadas más tarde, viendo en televisión una sátira sobre la película "Cóctail", rememoró sus ojos achinados, su chulería innata, y rió. De pronto se vio reviviendo aquellos años de besos furtivos, de luchas de caracteres y recuperó aquel sentimiento, ya aséptico, que había vivido siglos luz atrás.

Reflexiva, pensó largamente en él y fantaseó sobre qué habría pasado si no le hubiese perdido la pista. Se lo imaginaba con diez o doce kilos más, con una incipiente barriga y dos críos de la mano cruzando la calle. No le hubiese importado haberle visto envejecer poco a poco, perdiendo pelo año tras año, viéndole pasar en su antiguo barrio. Le habría hecho gracia mirarlo de lejos y comparar sus andares presentes con aquel desparpajo que tenía atravesando el jardín de su portal mientras jugueteaba con las llaves haciendo círculos en el aire.

No le habría causado ninguna vergüenza haberle dicho, treinta años después y frente a un café, que fue él la causa de su gran ansiedad durante meses en la adolescencia, que fue él quien le enseñó a desconfiar de los hombres, que gracias a él, la lección la aprendió por el lado más difícil y se volvió más dura, menos confiada, nada romántica y que aquellas mariposas que salieron de la boca de su estómago fueron las primeras que sintió en su vida. Mariposas convertidas en gusanos, y no al revés.

Y esperaría una disculpa, cual adulto que hubiese sido él, enfocando la lejanía de aquellos días, como una etapa en la que uno actúa y el otro aprende, ridiculizando hasta minimizar los traumas, los orgullos, los años de silencio, para finalmente sentir la misma complicidad que tuvieron ambos al cruzar las miradas desde aquellas ventanas.

Hubiese sido fantástico hacer las paces, sentirse libre, calmados por fin... treinta años más tarde.

Pero el destino no siempre permite que uno apacigüe sus demonios y los convierta en seres inofensivos. Muchas veces la vida decide ser aún más cruel de lo que puedas imaginar y, de pronto, exige hacerte auditoría. Entonces uno se da cuenta de que si eres el primero para todo; para conducir, comprarte un coche, una moto, emanciparte, montar un negocio, y pilotar avionetas... también decide que serás el primero en morir.


Para R. (e.p.d)















  1. Hola

    Me llamo Alejandra y soy administradora de un directorio web/blog y me ha gustado mucho su sitio.

    Me gustaría contar con su sitio en mi directorio, a cambio solo pido un pequeño enlace a mi página de películas, ¿Qué le parece la idea?

    Mi correo es: ale.villar@hotmail.com

    Un beso! y SueRte con su BloG!

  2. Pues por supuesto. Déjeme el link de la dirección de su blog y no tardaré en colocarlo aquí.

    Gracias por leer!

  3. Me encanta como escribes!! He llegado a tí a través del directorio Mundo Inicio. =)
    Soy del blog Nubes de Verso. Te sigo porque me encanta el blog!! ;D

    bicos

    Cali

  4. Pues muchas gracias. Ahora le echaré un vistazo también a tu blog, que tiene muy buena pinta. Un abrazo bloggero!

  5. Niña que final ufff, mal cuerpo me has dejao. Cuando vi la foto de la avioneta pensé que era alguna "analogía" pero ya veo que está bien escogida para ese final.
    Una pena terminar así ¿verdad?, y qué razón tienes cuando dices que después de los años, que bueno sería volver a hablar y quedar en paz. Sería fantástico.
    Voy a por klinex...


    Respuestas


    1. Sí, es un final real, hija... Desgraciadamente, la vida muchas veces es peor que la ficción.

      Un beso.

      P.D. Al final recupero este texto y lo refloto, ea...
  6. estupendo relato, sin florituras, real y cruel como la vida misma, sin un final feliz. Felicidades, porque transmite y llega. Un beso
  7. Me han quedado tantas conversaciones pendientes...
    Me hubiera gustado acabarlas bien.

    Besos.



    1. Exacto, quedaron muchas cosas en el tintero de las que hablar, muchos resentimientos que apaciguar...pero, C'est la vie!

      Besos, Toro
      Eliminar

  8. Que lindo llegar y leerte, esto es lo bueno de la literatura, encontrar bellezas como tú...





    1. Gracias Ignacio, todo un cumplido que sube la moral a cualquiera.

      Un saludo.

  9. Salvando las distancias me recuerda a una historia personal, creo que quién más quien menos tiene algo parecido, en fin, que bonito reflote. Besos.

    Respuestas



    1. Y creo recordar que escribiste algo así, verdad?

      Triste pero bueno...es lo que hay.

  10. Me ha encantado el ritmo del escrito. Pasar por tantos sentimientos y sentidos en poco espacio.

    Me quedo contigo.

    Saludos




    1. Muchas gracias Beatriz. Lo mismo te digo, en cuanto pueda echo un vistazo a tus escritos.

viernes, 3 de mayo de 2013

Él vino en un barco...



(Getty Images)
Ayer por fin decidí hacer algo que llevaba años queriendo hacer, pero por "h o por b" nunca arranco. He repasado todos los motivos de una corta lista mental que me lleva rondado durante mucho tiempo, y por más que he analizado y me he devanado los sesos, no he encontrado ningún fundamento para no hacerlo: ni emotivo, ni práctico. Es más, tal y como está el tema hoy en día, me vendría bien recibir un dinero a cambio, que para el uso que le he dado y la estéril herencia que va a sufrir, prefiero ponerlo en el mercado. Estoy hablando de vender mi vestido de novia.

Evidentemente, no soy experta en vender objetos usados pero tampoco hay que ser muy ducha para entrar en la web del “segundamano” y colocar tu anuncio en la sección correspondiente.

Lo cierto es que he alucinado con la cantidad de cosas que llega a vender la gente: desde una montura de gafas hasta un mega chalet de mil y pico millones (de pesetas) pasando por unas botas de montaña (¡buaj! ¡No fastidies! ¡Sólo de pensar en quién habrá podido sudar unas botas de trecking se me pone el estómago al revés).

Está claro que las prisas no son buenas y yo soy una cagaprisas. Cuando se me antoja una idea tengo que hacerla efectiva ya, si no, la voy dejando y pasa lo que pasa (décadas). Así que como me dio la vena, subí una foto mía con el vestido (tapándome la cara) e hice otra colgándolo de la percha de una puerta (más cutre imposible, pero teníais que ver algunos). Seguramente, repetiré el experimento en condiciones, sacándole fotos de los detalles. Si se hacen las cosas, se hacen bien o no se hacen.

Y ayer, al entrar a comprobar el anuncio, vi que tenía cerca de 70 visitas y un correo. ¡Alguien estaba interesada! ¡Vaya!  - Claro, es que mi vestido es tan original que llama la atención según lo ves, porque no es el típico vestido de novia en plan “Sissi emperatriz”, no, el mío es un vestido recto, de tubo, con un tul vaporoso bajo el pecho que se ata en la espalda y queda a modo de cola. Precioso. Ssssúper original. Es obvio. Es diferente y ya están llamando a la puerta, qué lista que soy, madre -, eso es lo primero que pensé, pero...

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