Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

viernes, 13 de enero de 2017

Telepollo


Los que me conocen saben que normalmente "me gasto" bastante carácter, vamos, que no soy de amilanarme a la primera de cambio (pura herencia paterna) y, viendo que está de moda ser emprendedor, he decidido cambiar el chip y actualizar vida, aprovechando los recursos que me ha brindado la madre naturaleza.

Esto viene al caso porque ayer tuve un momento yaya de esos que dejan huella. Fue una de esas veces que te cuestionas que la tecnología está muy bien (y eso que soy bastante hábil en la materia), pero hay días en que echas de menos los procedimientos clásicos de toda la vida. Gestionar cualquier cosa por Internet hoy en día es bastante sencillo, sí, siempre y cuando los que diseñan las páginas Webs no sean unos cachondos y quieran jugar contigo metiéndote en un laberinto virtual. 

El tema es que, debido a un cambio de compañía telefónica, tuve que ponerme en contacto con ellos para aplazar una cita. Todo muy bonito, entro en su página y todo parece sencillo, fácil, intuitivo… hasta que llego a un punto en que vuelvo a estar en la primera página, tal que en la “casilla de salida”. Tras varios intentos, y ver cómo mi paciencia iba alcanzando cotas más bajas, decido que voy a llamar por teléfono y lo voy a tramitar con un ser humano, de esos de toda la vida, con su boca y sus orejas y así poder cambiar la cita con el técnico de la fibra, que no es un robot ni tengo que insertar el puto-código-captcha–de-los-ojones- para demostrar que no soy una máquina y así poder pasar a la siguiente página. Yo les voy a llamar y les voy a decir que ese día no hay nadie en casa, que vengan otro, tomarán nota, me cambiarán la cita y aquí paz y después gloria, ¿no? ¡Y un huevo!

Después de darme cuenta de que me atiende también una máquina a la que hay que vociferarle a qué corresponde mi consulta (FIBRA…FIIIII-BRA, que los que me escuchan creen que estoy más bien estreñida), la susodicha locución me informa muy amablemente de que la cita es para el mismo día y la misma hora que yo ya tenía, y que si quiero cambiarla lo haga en la página Web. Sudo. Respiro. Cuento hasta 10, hasta 50…y grito que quiero hablar con un A-GEEEEEN-TEEEEE, pero la respuesta que te da muy cortésmente es siempre la misma: «disculpe pero, no la he entendido. Si su consulta es relativa a un teléfono móvil, marque… UNO…”. Trato de no tirar mi costoso teléfono móvil por la ventana y veo cómo me aflora la malahostiaquemegasto. Así que decido que les voy a montar un pollo, sí, pero de colores.

Me acuerdo de mi madre, de que todas las reclamaciones las tengo que hacer yo, lo comento con una panda de colegas. Se ríen de mí y, tras divagar mucho, me dan la palabra clave: “Telepollo”. ¡Sí! ¡Lo veo! ¡Es el futuro! Además puedo aprovechar mis frustrados estudios publicitarios para promover la empresa; el domicilio social en mi propia casa y la puedo gestionar directamente desde mis teléfonos. ¿Inversión? Mínima. ¿Personal? De momento yo misma, aunque si alguien quiere lleva alguna sede en cualquier otro punto geográfico del país, lo podemos ir hablando. Con que se pague sus autónomos vamos tirando, pero tengo claro que para mí sería el chollo del siglo a nivel empresarial, la empresa de mis sueños:

¿No tiene usted carácter para plantarle cara a las constantes tomaduras de pelo de sus proveedores de Internet? ¿Teléfono? ¿Luz? ¿Gas?

¿Le da pereza montar el pollo a su compañía de seguros? ¿Le cobran injustamente recibos que ya dio de baja? ¿Se agota por cada discusión que tiene con los incansables operadores telefónicos que le despiertan a la hora de la siesta un sábado por la tarde?

¡No lo dude! Llame ahora a: “Telepollo” Montamos el pollo por usted.

En Telepollo tenemos tesón, carácter, voz aguda e incesante. No dejamos hablar al comercial de turno y somos capaces de desesperar a los teleoperadores. ¡No lo piense más! Si necesita usted montar un pollo a cualquier compañía, llame ahora a ¡TELEPOLLO! 902-PIO-PIO.

       ¿Telepollo, dígame?


Vamos que si lo veo…

viernes, 16 de diciembre de 2016

De cómo pasar del glamour a venir de la guerra (en una tarde).




El otro día me invitaron a un evento de esos que solo falta la Preisler con el camarero detrás, ofreciendo canapés en una bandeja. Era la típica gala con suelo de mármol e invitados uniformados de medallas y galones, que les destacan de entre los demás mortales. También había algún que otro turbante y mucho vestido regional de un país lejano, muy lejano, que visité hace un par de años. El caso es que esta era la segunda ocasión que asistía a dicha fiesta, así que con lo que voy a relatar aquí dejo constancia de que no tengo perdón, y que soy bastante más retromonguer de lo que yo pensaba.

Salir de trabajar a las 17:00 y personarse en pleno centro de Madrid a las 19:30, pasando por la ducha, el lavado de cabeza, la vestimenta, el maquillaje, el peinado, las medias rotas, cambiarlas por otras, ponerse los tacones, no olvidarse el foulard, la chaquetilla, el mini bolso, el mini monedero, el mini paraguas (porque el tío Murphy quiere poner su granito de arena, cómo no...), el abrigo y aparcar lo más cerca posible de la boca del Metro para poder llegar a tiempo, debería considerarse deporte de riesgo. Podría haber elegido la “opción princesita”, que era aceptar la propuesta de mi chico: «Si quieres, te llevo y te recojo luego, en coche», pero no, yo, que soy orgullosa y antes-muerta-que-dependiente, le contesto que no, que como es línea directa y no voy a caminar apenas, dejo el coche en el Metro y voy hasta allí a pie.

Y como no voy a andar casi, elijo ponerme esos tacones que el año pasado ya amenazaron con un principio de gangrena, pero como soy muy lista para algunas cosas y enajenada mental para otras, no me llevo otro calzado porque voy a ir cargada de “mini cosas”. Así que, después de aparcar a unos 200 metros de la boca del Metro, mis pies comienzan a preguntarse entre ellos (que la dueña soy yo y puedo escucharlos) si aquello de no llevarse otro calzado iba en serio o no.

Llego al Metro, saco un billete en la máquina expendedora con mucho cuidado porque intento no tirar el mini monedero que está dentro del mini bolso con una moneda que se ajuste a lo que marca la pantalla, y por supuesto, sin perder el equilibrio. Me siento, ya dentro del vagón, sujetando también el mini paraguas y el móvil empieza vibrar para avisarme de que mi acompañante va igual de retrasado que yo. Saco el móvil con cuidado para que los auriculares del Ipod no salgan despedidos y mientras contesto al mensaje uno de los flecos del foulard se me engancha con una varilla del paraguas. Sudo. Resoplo. Vuelvo a guardar el móvil con el mismo cuidado y me pongo los auriculares mientras llego a mi parada. Y es entonces cuando empieza el caos: toda la vida viviendo en Madrid para no saber que la estación de Núñez de Balboa tiene trampa. Cuando llego a la salida pertinente, me doy de bruces con otro andén de otra línea. «¿Perdón? ¿Qué pasillo me he saltado que he acabado aquí?». Y desandando lo ya andado, con mis pies comenzando una asamblea, vuelvo al punto de partida, ahora ya con prisa.

—Perdona –le pregunto a una chica—, ¿por dónde se sale («que aunque parezca que soy de Madrizzz he sido abducida por el espíritu de Paco Martínez Soria»)?
—Es que tienes que atravesar todo el andén. Las salidas en esta estación están fatal y hay que recorrerse todo el andén entero.
—(«¿Recorrerlos? ¡No me jodas fastidies! ¡Que yo no pensaba andar!») Gracias –le digo, veloz, y me pongo al lío.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Lo que no se ve.

Como dice una amiga mía, "perdonadme las disculpas".

Y ya fuera de cachondeo, efectivamente, el hecho de ausentarte de una actividad como es "bloguear" (del latin bloguearum, bloguearus) en la que hay personas que te leen cada vez que sacas una entrada y pasar olímpicamente de seguir a tus seguidores, de comentar a tus comentaristas y de continuar con la actividad blogueril, ha de tener una causa justificada y razonable. Y ahí va la mía:

Hace casi un año que no escribo ninguna entrada y lo cierto es que poco os he ido leyendo al resto, pero de verdad que tengo una excusa muy buena. Eso, y que todo lo que se me ocurría plasmar en mis "analogías" eran temas controvertidos como la política (¡me niego!) o la hecatombe cultural y social que yo considero a la que vamos derechitos (¿alguien se ha planteado que no estaría tan mal un gran apocalipsis zombi?).

La huelga de deberes de los padres bien podría haber sido un tema como para comentarlo aquí y debatirlo, y como eso, numerosas noticias que dan mucho juego para reflexionar y tratar de analizar qué es lo que está pasando alrededor. Sin embargo, no lo he hecho. Y no lo he hecho no por falta de carnaza, sino por falta de motivación, pero sobre todo, de tiempo.

Cada minuto, cada hora que tenía libre, la he estado aprovechando para intentar plasmar en mi nueva novela una ficticia realidad (sí, ya sé, es un oxímoron) envuelta en intriga y suspense, que nos pasa por delante de las narices a diario.

Los que me conocen saben que no doy puntada sin hilo, y de ahí que el tema principal de «Lo que no se ve» tenga que ser descubierto por el lector, prácticamente al final.

Eso, al fin y al cabo, no deja de ser una reflexión, tal y como hago por aquí, de vez en cuando.

Así que una vez aclaradas mis excusas, os copio la sinopsis y el booktrailer del libro, por si os animáis a echarle un vistazo.  Y para más inri, la portada es de mi gran amigo David Orell, quien ha sabido plasmar la esencia con una imagen sublime.

Creo y confío en que no os arrepentiréis.

Sinopsis:

La llegada de un nuevo empleado supone un cambio inesperado en la oficina. 

Mateo Vidal es un hombre extrovertido y seductor, alguien irresistible con el que Clara Beltrán trata de mantener las distancias por ser un hombre casado. Sin embargo, es su compañero de departamento y no puede evitar sentirse atraída por él. Pero Mateo se ve envuelto en una serie de acontecimientos que harán poner en marcha una investigación policial en la que se van descubriendo los más profundos secretos de su vida cotidiana.

El inspector Castro y la oficial Martínez van averiguando poco a poco lo ocurrido, reconstruyendo los hechos desde los diferentes prismas, mientras Clara va hundiéndose cada vez más, sumida en una gran depresión. Es entonces cuando otros personajes, como la esposa y la jefa de Mateo, cobran protagonismo de forma tan palpable que ninguna de ellas queda exenta de sospecha.

La autora nos presenta una historia que muestra una realidad muy poco conocida de nuestra sociedad y que, desgraciadamente no es tan inusual como pueda parecer. Nadie está a salvo de la violencia, que se presenta de diferentes maneras, pero la más peligrosa es siempre la que permanece silenciada o como indica el título de su nuevo trabajo, oculta directamente.

Es hora de hablar, es hora de romper el silencio, es hora de descubrir Lo que no se ve







martes, 1 de diciembre de 2015

And the winner is...

 
 

La noche ha sido dura. Ayer en la tele estuvieron debatiendo Rivera, Sánchez e Iglesias y aunque yo no lo vi tengo entendido que la cosa estuvo reñida. Bien, pues he de decir que las horas posteriores al cierre del concurso no han tenido nada que envidiar a tamaño debate. Más quisieran estos parecerse en lo de exponer, consensuar, negociar y transigir. La criba ha sido cruel, muy cruel, y he de decir que hubo un momento de tensión que yo pensaba que el equilibrio de nuestro país y parte del de Europa se iban a pique. Putin y Mérkel estuvieron a punto de apretar el botón rojo, e incluso, Obama, tuvo que intervenir para que por fin no llegara la sangre al río. Finalmente, y durante largas y sesudas horas, el Papa Franciso tomó la palabra para que pudieran llegar al consenso por mayoría absoluta. El jurado ha sido implacable.

Tengo el gusto, el honor y la felicidad de anunciar a la persona que ha ganado un ejemplar digital de..."¡Diario de una secuestrada!" (tacháaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaannnn).

Las características que se han tenido en cuenta han sido:

* Originalidad
* Cumplimiento de las normas del concurso.
* Y una nueva normativa denominada como "porque me sale del moño" que por lo visto, es lo que se lleva.


En fin, la cosa ha estado reñida, y he de decir que eran todos muyyyyy buenos, pero no voy a demorarme más: hoy día 1 de diciembre de 2015, tengo el honor de anunciar que el ganador ha sido...


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(redoble de tambores)...


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tachánnnnnnnnnnnnn...


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¡¡¡¡Izáskun y su blog http://misfiliasyfobias.blogspot.com.es!!!! por su original, divertida disertación y cumplimiento a rajatabla de las normativas, que al parecer ha habido alguno que otro que se ha pasado las normas por el forro.

Aquí os recuerdo su participación:
«En ese momento, reparé en que podía escuchar una respiración cercana, justo detrás de mí. Me giré, veloz, a punto de dar un brinco, y lo vi sentado junto a la mesa, escudriñándome tras una máscara negra. Incluso, desde la distancia, pude distinguir el gélido azul de sus ojos, que emergían por la abertura del pasamontañas. Eran de un azul grisáceo y parecían petrificar los objetos allá donde los posara.»
El hombre se acercó y se descubrió la cara. Sin mediar palabra, sacó una pistola y me encañonó al tiempo que yo agitaba mis manos esposadas. Cerré los ojos ante el inevitable final, pero unas risas ahogadas y los primeros acordes de You Can Leave Your Hat On invadieron el lugar. Desconcertada, abrí los ojos y las vi, ridículamente ataviadas, junto al joven que comenzaba a desvestirse al ritmo de la música.

Así que Izáskun, pasa a recoger el premio y ponte en contacto conmigo por privado (aquí, twitter, G+).

¡Un besote y a disfrutarlo!